Mujeres y madres discriminadas

Actualizado 07/03/2015 12:00:45 CET

MADRID, 7 Mar. (OTR/PRESS) -

Hay motivo. Hay motivo, más que para celebrar, para reivindicar. Según un informe de la Organización Mundial del Trabajo las mujeres soportamos una doble brecha salarial: respecto a los hombres y también entre nosotras, en función de si somos madres o no. El sueldo de las españolas es un 17% más bajo que el de los varones y si tienen hijos ganan de media un 5% menos que las que no tienen. Estas son algunas de las conclusiones del informe "La brecha salarial relacionada con la maternidad", de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), presentado simultáneamente en Madrid y Ginebra, con motivo de la celebración, el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer.

Tengo muchas colegas que se muestran incrédulas cada vez que se ofrecen este tipo de datos -tal vez porque ellas nunca han padecido este tipo de discriminación o posiblemente de padecerla lo denunciarían- pero la realidad es tozuda y las cifras hablan por sí solas. Es verdad que en España y en comparación con Europa, la brecha salarial entre mujeres con hijos y sin hijos es menor que la que existe en Portugal, Alemania o Reino Unido, país este último donde las madres pueden ganar hasta una cuarta parte menos que las que no tienen descendencia. Por el contrario, es mayor que la de Irlanda, Holanda o Bélgica. Sea como fuere la maternidad sigue estando socialmente penalizada" y en las diferencias salariales influye el número de hijos, si existe cónyuge y éste trabaja o algún otro factor.

La peor experiencia que yo tengo al respecto es de hace 30 años. Iba a tener a mi primer hijo, trabajaba en el desaparecido "diario YA", en la edición de Toledo, como redactora y me hacían contrarios precarios cada seis meses. Cuando llegó el momento de dar a luz, el redactor Jefe me dijo que tenía dos opciones: o quedarme en la calle -porque mi parto coincidía con la finalización de uno de los contratos- o pagar a una persona mi sueldo íntegro "mejor que sea un hombre" me dijo, para que me sustituyera el tiempo de la baja. Acepté la humillación y pagué a un compañero -hoy por cierto un famoso periodista- y al mes de nacer mi hijo Ignacio, al que estaba dando de mamar, me incorporé a la redacción. Eso sí una vez que me hicieron un nuevo contrato denuncié el abuso públicamente y la empresa se vio obligada a meterme en plantilla e incluso me propusieron indemnizarme, cosa que yo rechacé con el argumento que no había dinero suficiente para compensar el dolor que supuso para mí separarme de mi pequeño a los treinta días de nacer. Seguramente hoy, con mi experiencia y mis años, aceptaría la indemnización como un derecho, pero la denuncia la haría de igual manera.

Lo lamentable, lo que no tiene un pase es que 30 años después se sigan produciendo cosas similares como si los derechos de las mujeres se congelaran en el tiempo. Es verdad que no en todos sitios es igual y en países como Francia, Italia o Dinamarca la maternidad se penaliza "de manera positiva", lo que significa que las mujeres con hijos ganan hasta un 5% más que las que no tienen. Lo malo es que estos países son la excepción de la regla.

En cuanto a la brecha salarial entre hombres y mujeres, la OIT ha hecho una distinción entre factores explicables (educación, experiencia, categoría profesional, actividad económica, ámbito rural o urbano y meses y horas trabajadas) y no explicables (penalización salarial por razones de género). Los primeros identifican el capital humano de los individuos (determinan hasta qué punto un hombre o una mujer son productivos en el mercado laboral). Cuando esas variables son idénticas entre ambos sexos no existe una razón objetiva por la que no deban cobrar el mismo salario, lo que significa que una parte, muy importante, de las diferencias se deben a factores no explicables, que en mi opinión son siempre por discriminación y machismo puro y duro.

Para algunos la celebración del 8 de marzo ya es un acto de discriminación en sí mismo, pero en sentido inverso porque la igualdad real no debería hacer distingos entre mujeres y hombres trabajadores. Sólo con ver estos datos esa teoría cae por su propio peso, porque no es cierto que en nuestro país a igual trabajo exista igual salario y eso hay que denunciarlo. Con que hubiera una sola mujer que sea penalizada por ser madre o simplemente por su sexo, ya sería razón suficiente para plantear una jornada no de celebración, sino de reivindicación. Y ahora ¡como es normal! los machistas de turno nos volverán a llamar feministas rancias y apolilladas. ¡Ese es el peor de los machismos, el vergonzante!

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