Así nos ven, así nos va.

Actualizado 07/05/2013 14:00:17 CET

MADRID, 7 May. (OTR/PRESS) -

Pagamos todos por la codicia de unos pocos. Desde fuera nos sacan los colores por los casos de corrupción. Hablo del último "regalo" del "New York Times" a cuenta de los mil y un casos de corrupción que todavía están en fase judicial a la espera de juicio, sentencia o recurso. Es sabido que la corrupción es una lacra universal. No hay país que se libre de ella porque, como decía un clásico, el dinero es la tercera mano y hablando de dinero hay quien tiene los dedos muy largos, pero hay que reconocer que no es agradable ver retratadas algunas de nuestras miserias en el escaparate de un medio tan influyente. Un periódico que, por cierto, nos tiene en el punto de mira. Hace unos meses publicó un reportaje fotográfico de corte tenebrista al hilo de los casos de exclusión y pobreza provocados por la recesión económica. Aquellas fotos de gente buscando restos de comida en los cubos de basura dieron la vuelta al mundo ensombreciendo la imagen de nuestro país.

Pero no eran imágenes trucadas. Algo parecido sucede ahora con el artículo de marras en el que con datos sobre casos concretos -las andanzas de Iñaki Urdangarin, la mención a personajes de la cúpula del PP por los casos Gürtel y Bárcenas o de un exministro del último Gobierno socialista- deja en el aire un escorzo muy negativo de la realidad española. La tesis del reportaje es que tantos casos de corrupción se deben a que la estructura política de nuestro país deposita mucho poder en manos de las autoridades locales, que sin apenas controles, tienen la última palabra en las adjudicaciones y recalificaciones de terrenos.

Sabemos, mejor que los colegas del "New York Times", como funciona (mal) y, por qué no se para esa maquinaria de corruptelas: los partidos políticos son máquinas burocráticas en las que trabajan y de las que viven miles de personas. El dinero de las subvenciones públicas no alcanza para todo y ahí es dónde -bien para el partido, bien para el bolsillo del corrupto-, se acepta el soborno o se reclama la comisión. Lo sabemos, lo denunciamos y se publica en la prensa española, pero hay que reconocer que cuando vienen de fuera a sacarnos los colores, parece que duele más. Por decirlo de esta manera y no emplear una palabra malsonante.

OTR Press

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