Corrupción y política.

Actualizado 29/09/2010 14:00:32 CET

MADRID, 29 Sep. (OTR/PRESS) -

Aunque el caso se juzga en la Audiencia de Málaga, el nombre de Marbella está en boca de todos y en todas las miradas. Y no para bien. Políticos de variada condición: ex alcaldes, ex concejales; urbanistas, financieros, abogados, comisionistas, un juez, un futbolista..., casi un centenar de acusados, un sumario con cerca doscientos mil folios... Un macro juicio en el que más allá del interés mediático que despierta en medios dedicados el famoseo -¡sesenta canales de televisión se han acreditado!, se va a juzgar el que en su día fue el epítome de los casos de corrupción relacionada con el urbanismo y la política. El asunto no tiene desperdicio. Como en las casquerías, hay de todo y da para todo. La codicia es el motor de todas estas tramas de corrupción, pero es la política la que explica el por qué Jesús Gil y su hombre de confianza, Juan Antonio Roca, pudieron crear en Marbella y alrededores el gran negocio de las recalificaciones.

Calculan que Roca levantó ¡dos mil millones de euros! Se dice pronto. El fiscal tasa las multas pendientes en ¡4.000 millones de euros! Las cifras del caso marean; como nos acabará mareando la prensa rosa mostrando el desfile de famosos en el banquillo que encabeza el ex concejal Julián Muñoz, personaje al que un periodismo grotesco ha encumbrado a figura del retablo nacional en razón de su antigua relación con la cantante Isabel Pantoja. Veremos a los políticos que se han dejado corromper, pero no veremos a los que permitieron las maniobras de los corruptos. Empezando por quienes desde el Consejo General del Poder Judicial dejaron sin amparo a la juez que intentó cortar la trama en sus primeros compases y siguiendo por la Junta de Andalucía -que tiene competencias sobre los planes generales de urbanismo-. No veremos a quienes miraron hacia otra parte cuando Gil y Gil, a mediados de los noventa, empezó a hacer de las suyas. El GIL, un partido político inventado a modo de caballo de Troya para hacerse con los ayuntamientos de la zona (Marbella, Estepona, etc) le venía bien al PS andaluz porque por la extrema derecha le restaba votos al por aquél entonces emergente PP de Aznar.

Recuerdo haber hablado por aquellos días en la radio con las gentes de Marbella y recuerdo lo que decían: "Gil roba, pero hace. Los otros sólo roban". Mientras la trama robaba y hacía negocios en la Costa del Sol, a Gil le dejaron en paz. La cosa cambió cuando quiso cruzar el Estrecho para repetir la jugada en Ceuta y Melilla. Ahí se encendieron las alarmas. Era una zona sensible y fue cuando intervinieron los servicios secretos del Estado para corroborar lo que hacía años se sabía en las redacciones de los periódicos de Málaga. Total, empezó a caer sobre ellos el peso de la ley. Muerto Jesús Gil, Roca ocupó su lugar en el escalafón del oprobio. La Justicia sentenciará cuál son sus delito y cuál el castigo que aparejan. Que son todos los que están, no parece que quepa duda; que todos los que se lucraron estén sentados en el banquillo, ya es más dudoso.

Cuando se trata de corrupción, tan corrupto es el que da como el que toma. La desaparición de aquél larguero que fue Jesús Gil, sin duda ha tranquilizado a unos cuantos que seguirán el juicio por televisión sonriendo a la vista de la que se han librado.

OTR Press

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