Debates histéricos.

 

Debates histéricos.

Actualizado 16/03/2011 13:00:20 CET

MADRID, 16 Mar. (OTR/PRESS) -

El tsunami japonés ha despertado lo peor de las dos Españas mediáticas. La que niega la oportunidad de reabrir el debate nuclear y la que pretende zanjarlo sin debatir. Visto lo ocurrido en Japón, ¡claro que es oportuno reabrir el debate nuclear! ¿Cuándo si no? ¿A qué viene tanta ira contra quienes quieren analizar lo ocurrido y extraer conclusiones? ¿Por qué cuesta tanto encontrar un programa en la televisión o en la radio en el que se pueda razonar sin griterío sobre las ventajas y los riesgos de la energía nuclear; un debate en el que se pueda refutar un argumento en lugar de descalificar a quien argumenta?

A qué viene tanto enfado y tanta palabra acre en boca de quienes en lugar de razonar acerca de las ventajas -pero también de los peligros- que apareja el empleo civil de la energía nuclear hablan como simples voceros de consignas. Descalificar a quienes se oponen a las nucleares tachando su proceder de "izquierdismo trasnochado" no es una forma inteligente de defender esta fuente de energía. Por idénticas razones es repudiable la posición de algunos ecologistas que creen que todos los partidarios de las centrales nucleares están poco menos que a sueldo de las eléctricas. En este debate sobran talibanes y se echa de menos ciencia y mesura. Ya digo, el tsunami japonés ha despertado lo peor de las dos Españas mediáticas.

La que niega la conveniencia del debate y la que sin esperar a conocer con precisión lo ocurrido en Japón, quiere darlo por concluido exigiendo el cierre de la central de Garoña (Burgos) y el de las otras cinco que operan en España. La polarización política de la vida nacional es tan intensa que alcanza niveles patológicos. El resultado es que en vez de informaciones y opiniones plurales, los medios, sobre todo los audiovisuales, se han transformado en simples lanzaderas de consignas. Lo estamos viendo: en relación con los problemas de seguridad que plantean las centrales nucleares -problemas que hay conocer y analizar para saber si compensan o no las ventajas que ofrecen en términos de coste de la energía eléctrica-, no hay forma de debatir de manera sosegada. En los medios, todo está politizado; histéricamente politizado. Por cierto, de esto no le podemos echar la culpa a la audiencia; de esto la culpa la tenemos los periodistas. Los que mandan en los medios y quienes no se rebelan.

OTR Press

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