A la deriva.

Actualizado 27/01/2011 13:00:29 CET

MADRID, 27 Ene. (OTR/PRESS) -

El Gobierno acredita una insólita predisposición para improvisar y rectificarse a sí mismo. Un día, por boca de la ministra Salgado, impulsa la fusión entre si de las cajas de ahorro como recurso para hacer frente al agujero provocado por los fallidos inmobiliarios; poco después, cuando algunas ya algunas cajas ha culminado el proceso, resulta que eso ya no vale y hay que "banquerizarlas": primero nacionalización (5 años), después venta y privatización. Todo un ejemplo de previsión y congruencia. Hay más: El ministro Valeriano Gómez anuncia que se suprimen los 421 euros que recibían como ayuda los parados de larga duración. Poco después, Zapatero corrige y dice que recibirán 350 euros a modo de viático para quienes realicen cursos de formación .

No son los únicos ejemplos: cuando Trinidad Jiménez era ministra de Sanidad y emprendió la batalla contra el consumo de tabaco ,muchos bares y restaurantes se embarcaron en obras para acondicionar una zona específica de fumadores (se habla de una inversión de alrededor de 100.000 euros por empresa); poco después, Leire Pajín, la nueva ministra, heredó la bandera de la cruzada antitabaco y la llevó hasta la prohibición total de fumar en los establecimientos públicos, con lo cual, la obras realizadas se revelaron inútiles. ¿Quien compensará a quienes fueron diligentes siguiendo las directrices de la anterior ministra?

Probablemente, nadie, porque en éstos y en otros ejemplos que podríamos aportar, lo que queda acreditado es que en ésta fase, ya de vísperas electorales, el Gobierno navega a la deriva con un timonel, el Presidente Rodríguez Zapatero , del que el pasaje del barco pasa olímpicamente. Su última entrevista en televisión, es la prueba de lo que digo: poco más de cien mil ciudadanos tuvieron interés en escuchar sus palabras. El dato es muy que significativo y revelador. Revela que el personal ya está en otra cosa y le resulta indiferente lo que pueda decir quien un día dice una cosa y al día siguiente otra. Incluso, la contraria. Ya digo, el barco va a la deriva.

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