Un escándalo mayúsculo

Publicado 05/04/2017 8:00:24CET

MADRID, 5 Abr. (OTR/PRESS) -

La renuncia de Pedro Antonio Sánchez a la presidencia de la región de Murcia es el precio tardío que ha pagado el PP por su renuencia a admitir que en los casos de corrupción las responsabilidades políticas preceden a las decisiones judiciales. Sánchez no ha dimitido como alegó en su exordio de despedida por estar "pensando en la gente". Lo ha hecho forzado por la dirección nacional de su partido. Dirección (Mariano Rajoy, Martínez Maíllo), que a semejanza de lo que sucedió en el caso de Rita Barberá, hasta el último minuto, ha mirado hacia otra parte esperando que escampara para, al final, dejarla caer.

Sánchez había firmado un pacto con Ciudadanos por el cual se comprometía a resignar el cargo si finalmente era investigado (imputado) en el transcurso de la indagatoria judicial en el llamado "caso Auditorio." Una presunta corruptela municipal de cuando era alcalde de Puerto Lumbreras.

La imputación llegó pero Sánchez se desdijo de la palabra dada. Con el apoyo entusiasta de los dirigentes de Génova y de su cohorte de tertulianos. Mariano Rajoy tiene firmado un pacto anticorrupción con Albert Rivera, pero así que puede, le ningunea. Y en esta ocasión lo ha seguido intentando hasta el último minuto. Hasta que se percató de que Rivera iba en serio y que el PP podía perder el gobierno de Murcia tras haber presentado el PSOE una moción de censura que Ciudadanos podía apoyar y también Podemos.

Sánchez ha intentado desviar la atención sobre las circunstancias que han forzado su dimisión pero los hechos son tenaces: está investigado por el TSJ de Murcia y un juez de la Audiencia Nacional (Eloy Velasco) ha pedido que, puesto que está aforado, el mismo tribunal le investigue en relación con otro caso de presunta corrupción, la trama Púnica.

No han dejado caer a Sánchez por su situación procesal, ni por acabar con la corrupción. El objetivo es retener el poder. El PP perdió el poder en Baleares, perdió la Comunidad Valenciana y ahora, en el último minuto procesal, ante el riesgo de perderlo en Murcia es cuando han reaccionado. Se mire cómo se mire, estamos ante un escándalo político mayúsculo.

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