Las fugas de Rajoy

Publicado 15/09/2016 8:00:10CET

MADRID, 15 Sep. (OTR/PRESS) -

Cuando despertó de la pesadilla generada por la tardía dimisión de Rita Barberá, el problema seguía allí. El problema no es otro que el encadenado de casos y juicios relacionados con asuntos de corrupción. Queda atrás el "martes negro": Soria, Rita, Bárcenas, Matas, Granados, pero arrancada la hoja del calendario resulta que cada vez que Mariano Rajoy coincide con periodistas sigue escuchando las mismas o parecidas preguntas. Los casos de corrupción, ¿ponen en peligro un nuevo intento de investidura? Y como no quiere responder, huye. Es marca de la casa acreditada a lo largo de los últimos cuatro años en los momentos difíciles, pero ahora, con el paso del tiempo, esa afasia declarativa, ese escurrir el bulto, a fuer de descarado, se vuelve patético. Porque resulta que quien acaba de firmar un pacto con Ciudadanos asumiendo que la lucha contra la corrupción es la condición principal que imponen desde el partido de Rivera, no se atreve a afrontar en público preguntas incómodas -pero más que pertinentes- en relación con casos de corrupción. Si añadimos que el último de estos episodios de huída de los periodistas tuvo lugar el martes en plena gira de campaña electoral por Galicia -pidiendo el voto para Núñez Feijóo bajo promesa, entre otras, de cumplir con el compromiso de lucha contra la corrupción-, entonces, ya digo, la fuga del presidente del Gobierno en funciones, roza lo patético. No es propio desde luego, de un gobernante democrático. Si por algo se caracteriza el sistema democrático es por ser un régimen de opinión pública. Los ciudadanos tenemos derecho a saber qué hacen y cómo se comportan nuestros gobernantes. Estar informados, para poder tomar decisiones políticas cuando llegan las elecciones. Escabullir el bulto no deja en buen lugar a quien parece más dotado para actuar en penumbra que bajo los focos y las cámaras de los periodistas. No basta con echarle la culpa a Pedro Sánchez del bloqueo a la hora de formar Gobierno. Mariano Rajoy debería preguntarse si su forma de afrontar la realidad inspira o no confianza.

OTR Press

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