La gente no quiere líos

 

La gente no quiere líos

Publicado 09/11/2016 8:00:27CET

MADRID, 9 Nov. (OTR/PRESS) -

Vistos los resultados del barómetro del CIS es difícil sustraerse a la melancolía. El mismo sondeo que nos dice que la corrupción ocupa el segundo lugar en el escalafón de las preocupaciones de los ciudadanos refleja el crecimiento del Partido Popular (34,5% de los votos) respecto de los resultados obtenidos en las elecciones de junio. El doble del porcentaje atribuido al PSOE (17%) y a casi trece puntos de Unidos Podemos. Hablo de melancolía, por no hablar de perplejidad, porque el estudio del CIS fue realizado en los días en los que en la Audiencia Nacional se iniciaba el desfile de los acusados en el "caso Gürtel", una trama de corrupción cuyos principales actores (Correa, Crespo, etc.) operaban desde estructuras próximas al PP. Es verdad que también eran los días en los que el Comité Federal del PSOE consumó la defenestración de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE ofreciendo un bochornoso espectáculo de división y malas mañas políticas. Se dirá que en el pecado (la división), cosechan la penitencia. Es verdad. Un partido dividido, sin liderazgo y con discurso político contradictorio no es referencia segura de voto. Pese a las revelaciones judiciales que tantas sombras proyectan sobre el cúpula del PP, los votantes de la derecha siguen apostando por Mariano Rajoy. Les ofrece seguridad. Justo lo que les falta a los votantes socialistas tradicionales. Se han quedado huérfanos pero no se han pasado en masa a Podemos aunque según el barómetro, este movimiento habría conseguido el famoso "sorpasso" con el que Pablo Iglesias lleva soñando desde que se lanzó al ruedo de la política. Una encuesta no es más que la foto de un momento. Pero aporta datos y apunta tendencias. La tormenta perfecta en la que está atrapado el PSOE puede prolongarse en el tiempo si éste partido, hoy huérfano de liderazgo, no acierta con la persona capaz de cerrar la profunda crisis que aqueja al partido que hace solo cinco años gobernaba nuestro país. En España la división paga un precio mucho más alto que la corrupción. A la gente se llena la boca clamando contra la corrupción, pero a la hora de la verdad, no quiere líos.

OTR Press

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