Fermín Bocos.- Larga vida al Rey.

Actualizado 30/01/2013 13:00:59 CET

MADRID, 30 Ene. (OTR/PRESS) -

Holanda, país que como tal asomó cabeza en los libros de Historia tras desgajarse del Reino de España, es noticia con eco entre los españoles tras anunciar la reina Beatriz (75 años) que había decidido abdicar en la persona de su hijo, el príncipe Guillermo (45). Conocida la novedad holandesa, entre nosotros, cunden las cábalas acerca de si el rey Juan Carlos I debería o no tomar ejemplo. Tres son las opiniones dominantes: que no tiene por qué abdicar visto que anda bien de cabeza y que, como él mismo recordó en reciente entrevista, le "sobra energía y voluntad de seguir" pese a la artrosis y demás achaques físicos; que si debería abdicar, aprovechando que el Príncipe de Asturias (45 años) está capacitado y preparado y que su popularidad (la de don Felipe) está por encima de la del propio Rey, mermada en los últimos tiempos en razón de el "error Botswana" y de los efectos colaterales del "caso Urdangarin", personaje al que, según opinión muy extendida, don Juan Carlos ha tardado demasiado en poner en su sitio alejándole -cuando menos en el plano de lo simbólico- del núcleo de la Familia Real.

Una tercera corriente de opinión va más allá y, al tiempo que considera obsoleta la institución, recuerda las ventajas del sistema republicano frente a determinadas carencias de las monarquías, aún las de tradición parlamentaria.

Como es asunto que a todos nos incumbe y todas las opiniones son válidas creo que es bueno que cada uno exprese la suya. La mía es que mientras tenga salud y voluntad de seguir, don Juan Carlos debería continuar al frente de la jefatura del Estado. Tengo para mí que en España son más los "juancarlistas" que los monárquicos, que a estos no hay que confundirlos con los cortesanos y no ignoro que la España de nuestros días también son muchos los republicanos. También me consta que, sobre todo entre los jóvenes que no vivieron las incertidumbres y zozobras de la Transición, la figura del Rey genera más indiferencia que entusiasmo. Pero España somos todos y en los últimos treinta años la institución monárquica ha rendido un servicio al país que la acredita para seguir ejerciendo en años venideros el papel de arbitraje y moderación que tiene asignada en la Constitución. Eso, sí, retomando la senda de moderación y ejemplaridad empañada en algunos de los episodios que están en la memoria de todos. Así, pues: larga vida al Rey.