Lenguaje y política.

Actualizado 16/07/2009 14:00:53 CET

MADRID, 16 Jul. (OTR/PRESS) -

Me ha sorprendido escuchar al presidente del Gobierno decir que el plan de financiación de las autonomías estaba pensado para que "Cataluña se sintiera cómoda en España". Zapatero no es un dirigente nacionalista -presume de socialista-, en consecuencia, sorprende que haya hecho suya la jerga nacionalista que confunde el todo -en este caso Cataluña- con la parte que representa cada uno de los partidos políticos. Cabía esperar que un dirigente socialista hablara de los ciudadanos que, en los sistemas democráticos, son los verdaderos titulares de la soberanía.

Los "pueblos" no votan, votan los ciudadanos. Que un dirigente socialista olvide esta distinción me parece significativo. Revelador, incluso, porque delata hasta qué punto ha olvidado la esencia de la ideología que dice representar. No ignoro que el pragmatismo es uno de los registros de la política, pero una cosa es promover, como ha hecho Zapatero, una negociación directa con ERC (minúscula fuerza parlamentaria que defiende la segregación de Cataluña respecto de España) y otra, muy diferente, es hacer suya la terminología política que procede precisamente del mundo nacionalista periférico. Al hacerlo -ignoro sí de manera consciente-, el señor Zapatero favorece la causa de quienes han llevado también hasta el lenguaje la idea que promueven.

Una de las grandes conquistas de la Revolución Francesa fue el alumbramiento de la noción de ciudadanía. Son los ciudadanos, no los pueblos, los titulares de derechos y obligaciones. No paga impuestos Cataluña, Madrid o Cantabria, los pagan los ciudadanos que viven en las mencionadas comunidades. Parece cuestión menor, pero no lo es. Por no serlo, resulta que cada ciudadano es un voto y somos los ciudadanos quienes quitamos y ponemos gobiernos. Lo otro, el confundir el todo con la parte -la nación, con los ciudadanos-, conduce a la política plebiscitaria; lleva a consagrar al Estado por encima de la sociedad que es plural -en Cataluña y en el resto de España- aunque los nacionalistas de uno y otro signo hacen como que no quieren enterarse y hablan en nombre de todos. Si el presidente Zapatero quiere saber si los catalanes están cómodos con el modelo de financiación pactado con Montilla y Puigcercós que les consulte.

Que promueva una encuesta o que monte un referéndum. Pero, por favor, que no intente confundirnos dejándose atrapar en los sargazos de la jerga nacionalista. Claro que, quizá sea mucho pedir. Tanto como pedirle que reflexione acerca de la deriva política en las que nos ha metido con el polémico modelo de financiación.

OTR Press

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