El problema no está resuelto.

Actualizado 11/12/2010 13:00:32 CET

MADRID, 11 Dic. (OTR/PRESS) -

Los controladores de vuelo metieron la pata hasta el corvejón y en el exceso llevan la penitencia: nadie les defiende. Se han quedado solos y tendrán que explicarse ante los tribunales. A la vista de lo ocurrido cabe suponer que no volverá a repetirse el chantaje del puente de la Constitución. Dicho lo cual debemos volver los ojos hacia el Gobierno que ha decretado el estado de alarma. Estado de alarma que, aunque previsto en las leyes, no deja de ser una excepción y, como tal, debería concluir cuanto antes. ¿Por qué? Pues porque en democracia lo deseable es la normalidad. Y, no es normal que un conflicto laboral -que, a la postre, es el problema de origen- se intente resolver con pautas militares.

La imprevisión de AENA durante los gobiernos de Aznar y de Zapatero que dejó que los controladores controlaran en exclusiva el crecimiento y la formación de los futuros especialistas, convirtió a este colectivo en una casta. Un sindicato cuya finalidad última era defender sus privilegios salariales. Llevaban así 11 años. Tiempo más que suficiente para cambiar las normas, formar controladores fuera o dentro de España y acabar con el chantaje cíclico de éste colectivo.

No lo hizo Álvarez Cascos, ni lo ha hecho el actual ministro de Fomento, José Blanco. Pero tendrá que hacerlo cuanto antes porque lo que no sería soportable es prorrogar el estado de alarma. La militarización no resuelve el problema, lo que ha hecho es aplazarlo.

OTR Press

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