El profeta abandonado.

Actualizado 27/11/2012 13:00:26 CET

MADRID, 27 Nov. (OTR/PRESS) -

La política es la guerra por otros medios y en toda guerra hay vencedores y vencidos. En los comicios celebrados el domingo en Cataluña el perdedor ha sido Artur Mas, líder de CiU, el partido que ha ganado las elecciones. Esa es la paradoja de la situación: quien gana, pierde. Pierde porque el triunfo de CiU ha sido pírrico -tenía 62 escaños y se queda en 50-. Es la primera fuerza, pero ha perdido más de cien mil votos en el envite. Le ha salido mal el órdago soberanista que había planteado. El diagnóstico no ofrece dudas porque los hechos son tenaces: Artur Mas disolvió el Parlamento y convocó a los ciudadanos a las urnas pidiéndoles el voto -habló de una "mayoría excepcional"- para avanzar hacia la independencia. Está claro que la llamada no ha encontrado el eco que esperaba. Era un plebiscito y lo ha perdido. En buena lógica democrática debería renunciar a seguir al frente de una coalición a la que ha conducido al peor resultado electoral de su historia. Se presentó ante los ciudadanos de Cataluña dispuesto a conducirles hacia la tierra prometida pero no le han seguido. Es el profeta abandonado. Ya digo. Si la lógica política se uniera al decoro, Artur Mas debería dimitir de todos sus cargos dentro y fuera de su partido. Y, con él, cuantos a su alrededor jalearon la apuesta soberanista.

CiU era una coalición cuya fuerza estaba cimentada sobre la moderación, en una concepción centrista de la política que durante treinta años les permitió influir e incluso decidir en la política estatal. En el momento en el que ha hecho suyo un mensaje radical y rupturista, a la manera de Esquerra Republicana, una parte de sus electores le ha dado la espalda. El futuro está por escribir, pero se puede afirmar sin temor a errar que Artur Mas no será el Josué de una hipotética Cataluña independiente. También ha fracasado en el papel de Moisés. Puesto que ha sido mucha la tensión que ha introducido en el sistema empujando hacia un escenario de fractura social, debería pagar un precio político severo. Tengo para mi, que solo es cuestión de tiempo. El que necesitará Oriol Pujol, actual secretario general, para hacerse con las riendas del partido fundado por su padre.

OTR Press

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