¿Qué queda de la moción?

 

¿Qué queda de la moción?

Publicado 15/06/2017 8:00:15CET

MADRID, 15 Jun. (OTR/PRESS) -

¿Para qué vale una moción de censura que no prospera? ¿Qué queda? ¿Merecía la pena plantearla a sabiendas de que no contaba con apoyos suficientes? La pregunta es recurrente y no es fácil de responder. Lo más socorrido, para salir del paso, es decir que en el caso de la vivida esta semana -Pablo Iglesias Vs Mariano Rajoy-, quedará en el recuerdo la denuncia de los casos de corrupción realizada por el líder de Podemos y el eco de las intervenciones del Presidente desmontando algunas de las acusaciones vertidas contra el PP. Todo ello retransmitido en directo por la radio pública y al menos dos canales de televisión. No es poco si pensamos que los debates parlamentarios tienen siempre algo de puesta en escena. De teatro, por decirlo con una sola palabra.

Iglesias sabía antes de subir a la tribuna que no contaba con apoyos suficientes para sacar adelante la moción. Ante esa circunstancia intentó convencer a los diputados del PSOE para que le dieran su apoyo. Llegó a reconocer que podía haber cometido errores en la estrategia de relación con los socialistas. Se notó que la victoria de Pedro Sánchez le restó los argumentos que habría esgrimido caso de que hubiera sido Susana Díaz la vencedora en las primarias. Para eso también ha servido el debate. Para saber que Podemos mantiene como objetivo desestabilizar al PSOE. Por último, el debate deja negro sobre blanco en el Diario de Sesiones la posición favorable de Iglesias a celebrar el referéndum que a modo de palanca política promueven los partidos independentistas catalanes en su proceso de ruptura de España. No era un secreto, pero es probable que defender tan controvertida posición con la vehemencia que desplegó haya contribuido a que más de un votante de Podemos se esté cuestionando seguir dándoles su apoyo.

De las varias intervenciones de Mariano Rajoy, a la defensiva en lo tocante a reconocer los casos de corrupción, quedará en la memoria la escasa convicción con la que trató de convencer al personal de que el PP estaba en la vanguardia de la lucha contra los corruptos que se han aprovechado del partido para enriquecerse. Rajoy se salva, pero queda tocado. Por decirlo con palabras unamunianas: venció -seguirá en La Moncloa-, pero no convenció.

OTR Press

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