Tiempo de pactos

Publicado 30/06/2016 8:00:37CET

MADRID, 30 Jun. (OTR/PRESS) -

La política se complace en la paradoja. Es probable, por no decir que inevitable, que en los próximos meses veamos poner en marcha algunas de las reformas que durante cuatro años -en los que el PP gozó de mayoría parlamentaria- la oposición se cansó de reclamar. Sin éxito. Ahora las cosas pueden cambiar no porque Mariano Rajoy se haya desprendido de la cera con la que a la manera de Ulises en el episodio de las sirenas taponó sus oídos a lo largo de los cuatro últimos años de navegación. Si ahora atiende lo que antes negó será porque no le quedara otro remedio si es que quiere allegar apoyos suficientes para conseguir la investidura. Nada como la necesidad para encontrar con presteza el mejor de cuantos caminos ofrece la democracia. Me refiero al consenso, al no imponer nada porque sí. Reconocer que otros partidos pueden tener razón y algo que aportar. Resulta tópico, pero inevitable, citar los difíciles días de la Transición cuando en España la palabra de moda era "consenso". Acordar entre diferentes partiendo las diferencias. De aquél espíritu nacieron los "Pactos de La Moncloa" que alumbraron el camino que conducía a asentar la democracia. Aquél espíritu de pacto que fue aceptado por opciones políticas antagónicas -neo franquistas, centristas democristianos, socialistas post marxistas anclados ya en la socialdemocracia y eurocomunistas que habían dejado atrás el estalinismo-, germinó convirtiendo la aventuras de la Transición en el sólido edificio que representa la Constitución del 78. Si traigo a colación aquella gesta desarrollada en medio de tensiones incomparables es para establecer la radical diferencia con el clima político y social de nuestros días. Ahora las tensiones políticas que padecemos son otras. Nacen por una parte del desafío separatista catalán y, sobre todo, del sufrimiento de los náufragos arrojados por la crisis: cuatro millones de parados, un millón y medio de ciudadanos en riesgo de exclusión, clases medias demediadas por una fiscalidad voraz y rechazo a la corrupción.

Siendo cuestiones para tomárselas muy en serio, ni de lejos son comparables con las incertidumbres que gravitaban sobre España en los días que desembocaron en la feliz mesa en la que se firmaron los "Pactos de La Moncloa". Así las cosas, hay que pedir a los líderes de los partidos constitucionalistas que encuentren el camino del pacto. A Rajoy que ceda en la reforma de algunas de las leyes que aprobó durante la pasada legislatura sin contar con otro respaldo que el de su partido. A Sánchez (o al Comité Federal del PSOE) que no bloqueen la investidura o que liberen el compromiso de voto del diputado canario Pedro Quevedo. A Rivera que retire el veto a Rajoy y apoye la investidura a cambio de que Rajoy haga suya la disposición expresada por Ciudadanos de no pasar una más en materia de corrupción. Es la única salida visto que no sería razonable ir a una tercera cita con las urnas en menos de un año.

OTR Press

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