La 'aurea mediocritas' de Mariano Rajoy

Publicado 10/06/2017 8:00:20CET

MADRID, 10 Jun. (OTR/PRESS) -

Lo más fácil acaso sería decir que la gran asignatura pendiente del Gobierno de Mariano Rajoy es la comunicación, como ellos mismos han admitido, en voz no siempre tan baja. Y, en principio, parece ser cierto: ahí tenemos los varapalos en materia de corrupción, el liderazgo en titulares que acapara la Generalitat de Catalunya, la huida ante el bofetón del Constitucional sobre la amnistía fiscal, la escasa voz ante lo que ocurre en Europa o la falta de pulso en Economía tras la compra del Popular por el Santander. A veces da la impresión de que el Gobierno del Reino de España no tiene nada que decir, o que no sabe cómo decir lo que almacena en su corazón y en su cerebro. Empiezo a creer que esto no es verdad; puede que más cierto sea que las cosas se están haciendo exactamente como Rajoy las predetermina y milimetra. Es decir, silencio, plasma cuando sea posible, vaguedades en las declaraciones cuando no quede otro remedio que hacerlas. Y, si llueve, impermeable, paraguas y boca cerrada, que es la manera de que no entren moscas.

Rajoy tiene grabado en el ADN que el individuo es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. Y no, no es que el ministro portavoz -antes, la vicepresidenta- sea ineficaz: de hecho, creo que Iñigo Méndez de Vigo está demostrando una enorme adecuación para el cargo. Es, simplemente, que Rajoy ha renunciado a comunicar. Y entonces, su equipo comete errores que a quien suscribe le parecen de bulto, aunque, como es evidente, quien suscribe es periodista y ya se sabe que los 'tempos' y los modos de los políticos -sobre todo, cuando son como Rajoy-- y los periodistas son con frecuencia incompatibles. Quién tenga razón al final es algo que cambia según las circunstancias; a Rajoy hay que reconocerle que ha acertado en su cachazuda manera de comportase en muchas ocasiones. Otras veces se ha equivocado y ahora me parece que lo está haciendo a conciencia.

A uno, que lleva muchos años mirando el devenir de la cosa política, le cuesta creer que, tras un bofetón tan sonoro como el del TC a un decreto del Ejecutivo tan criticado por la ciudadanía como la amnistía fiscal, el titular de Hacienda no saliese ante los medios a dar algún tipo de explicación, conformándose con brindarse a comparecer ante el Parlamento... cuando toque. Que primero hay una moción de censura de Podemos, al que le viene como anillo al dedo la sentencia del Constitucional. No sé si el señor Montoro debe o no dimitir tras el revés sufrido a una medida 'estrella' de su política, pero de lo que estoy seguro es de que deberían, él y todo el Gobierno, haber dado la cara antes de la comparecencia semanal, este viernes, del portavoz gubernamental tras un Consejo de Ministros que ha debido ser de órdago.

Y ya que hablamos de ministros: ¿qué le parece a usted que el de Economía considerase 'una buena noticia' la compra por un euro del Popular por el Santander, dejando sin sus ahorros a trescientos mil accionistas? Que no digo yo, oiga, que no haya sido una buena solución 'in extremis', y con todos los peros que usted quiera, la operación, pero qué menos que un recuerdo por parte del señor De Guindos a quienes han perdido mucho, en parte por culpa de las declaraciones ministeriales de no hace ni dos meses, asegurando que el Popular era un banco solvente. ¿Dónde queda la seguridad jurídica, por cierto tan poco mimada en España?

O le podría citar a usted el caso de Puigdemont, que lleva semanas liderando la actualidad, con o sin Lluis Llach, con o sin Pep Guardiola, en favor de 'su' referéndum, mientras el Ejecutivo central parece como noqueado, incapaz de hacer otra cosa que aludir a la legalidad vigente, como si eso a la Generalitat le importase algo más de un comino.

Si quiere, le hablo del 'bajo perfil' que Rajoy ha seleccionado para sí mismo en una Unión Europea sometida al oleaje, desde el Brexit -menudo talento político el de la vapuleada señora May- hasta las relaciones con Trump, que la diplomacia española procura que no se irrite ante cualquier muestra de molestia hispana por las altisonancias del presidente norteamericano. Ha renunciado el jefe del Gobierno de España a liderar cualquier posición internacional, y lo digo reconociendo que el señor Rajoy mantiene hoy por hoy, quizá porque no se inmiscuye demasiado en nada, un elevado nivel de prestigio y respeto entre sus colegas europeos.

Claro que tampoco ha andado el PP -ya no hablo solamente del Gobierno- muy afortunado en el manejo de la moción de censura tan absurdamente presentada por Podemos contra la presidenta madrileña Cristina Cifuentes. ¿Hará lo mismo, contribuir a convertir el debate parlamentario en un circo, el próximo martes, en el Congreso de los Diputados? ¿Seguirán los 'populares' dando la sensación de que huyen de enfrentarse con gallardía a los ataques por presunta corrupción, ellos, precisamente ellos, que, tras una etapa que hay que reconocer que ha sido lamentable, la verdad es que últimamente han planteado batalla a las irregularidades de la economía política? Porque lo cierto es que, hoy por hoy, la corrupción política en España parece mínima, y ojalá no me equivoque. ¿Cómo es posible que no se atrevan a salir a la arena a proclamarlo así, ofreciendo, en cambio, la sensación de que tienen algo que ocultar?

Pues eso: que ya sabemos que no tenemos un Macron, ni una Merkel, capaces de convertir la política en una materia atractiva para el ciudadano. Cierto es que tampoco tenemos a alguien empeñado en el error, como la señora May, en el dislate, como Trump, en la maldad, como Putin... El Gobierno español, tan zarandeado, ahora con un ministro reprobado, con otro en la cuerda floja, gusta de situarse en la 'aurea mediocritas' horaciana. Viva la mediocridad, que es justo lo que, a mi entender, ahora no necesitamos. A ver si Rajoy, con su superior criterio (es lo que él parece pensar, al menos), acierta. O no*que diría él mismo, a su tan galaico modo.

OTR Press

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