Dolce Faes niente

Publicado 15/12/2016 8:00:26CET

MADRID, 15 Dic. (OTR/PRESS) -

Me parece que sería un error pensar que de la Fundación FAES, que anima el ex presidente José María Aznar, pudiese surgir el embrión de un partido situado a la derecha del PP. El peligro no está ahí, creo -ya existe un desgraciado intento en este sentido, llamado Vox--, sino en que desde una Fundación que, de alguna manera, recibe ayuda de todos nosotros, se alienten alertas contra un proceso negociador en Cataluña y se aviven rencores contra 'los catalanes', aunque ya sé que me dirán que se avivan solamente contra los independentistas catalanes... O sea, contra más o menos la mitad de la población de Cataluña que declara sus simpatías por separarse de España.

No sé si FAES existe para mantener vivos los rescoldos del rencor de José María Aznar hacia el hombre a quien él mismo situó como su sucesor al frente del partido y, remotamente (si no ocurrió de inmediato fue por los errores del propio Aznar en la gestión de la tragedia del 11-M), al frente del Ejecutivo. Pero no es quién una Fundación dedicada, teóricamente al menos, al estudio como para exigir determinados comportamientos de Gobierno, máxime cuando estamos hablando de una situación especialmente delicada para la convivencia nacional, como es la relación entre Cataluña y el resto de España.

No será con mano dura y manteniendo la falta de diálogo con la Generalitat de Catalunya (que, por otra parte, con tanta falta de éxito ha practicado también Rajoy en el pasado) como arreglaremos un problema secular, que se ha ido agudizando gracias no solo al empecinamiento enfurruñado de los nacionalistas, sino también a los errores múltiples cometidos por 'Madrit'. Ambas cosas han supuesto una fábrica de independentistas más bien estéticos, que juegan a la contra con el 'Madrtid ens roba' por bandera, que cerebrales.

Pienso que son muchos más los que creen que ahora se están encaminando las cosas por el sendero adecuado, con los intentos de contacto dialogante de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, que los que piensan que hay que emplear la mano dura, poner en marcha a los abogados del Estado y al Constitucional y seguir manteniendo el 'garrotazo y tente tieso' con los 'separatistas'. Esa, tras la del engaño a Artur Mas por parte de Zapatero, junto a la de puertas y bocas cerradas, ha sido la táctica seguida hasta ahora por el PP y por la Administración Rajoy, y ya vemos que los resultados son punto menos que catastróficos.

Lamento mucho que una Fundación que ha producido, en el pasado, algunos estudios teóricos estimables y que estaba considerada -aunque hayan roto formalmente- como uno de los 'largos brazos' del ala derecha del Partido Popular, se lance ahora por la pendiente de la descalificación de quienes quieren negociar y partir de una base más realista de la situación catalana. No se trata solamente de evitar hacer memoriales de agravios, en los que se basan los 'halcones' que rechazan no solamente negociar, sino incluso el diálogo; ni de contar incumplimientos de la ley desde el 'lado catalán', que, por lo demás, son evidentes. Se trata de evitar el choque de trenes, no cediendo a presiones de quienes, con toda legitimidad pero con falta de estrategia y quizá hasta de razón, nada quieren saber de tender manos al 'enemigo' hasta que este no deponga sus 'armas', es decir, hasta que no desistan de la idea de Puigdemont de convocar un referéndum secesionista para septiembre.

Pero ya solamente la semántica que utiliza a 'enemigo' y 'armas', palabras tan empleadas en cenáculos y mentideros madrileños, es peligrosa y lamentable. Y a esa vulgarización dialéctica empujan, pienso, tomas de posición como la de Faes, que nada importante significaría si no estuviese detrás quien está. Una Fundación del relieve que se ha querido dar a la aznarista no puede creer que deja de estar instalada en el 'dolce Faes niente' solamente por producir algún papel de cuando en cuando ni por arrearle algún cogotazo a la acción de un Gobierno que las añoranzas de Aznar ya no pueden controlar. Hombre, para una vez que Rajoy se mueve, démosle aire para que respire.

OTR Press

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