¿Fusilar a Companys? Qué barbaridad...

Actualizado 24/05/2013 14:00:19 CET

MADRID, 24 May. (OTR/PRESS) -

Nada, que no hay nada que hacer. Es lo que uno -y perdón por personalizar en esta ocasión: hoy, me temo, toca, muy a pesar mío- piensa a veces al encontrarse con ciertos episodios de esa cierta 'guerra mediática' entre lo que llaman 'Madrid' y lo que otros llaman 'Cataluña'; que, menos mal, ni es todo Madrid ni toda Cataluña. El caso es que una emisora considerada 'oficialista' de la Generalitat catalana pone en mi boca esta frase, textual: "Y si fusilamos a Companys, mejor todavía". Horror. En efecto, pronuncié esa frase en el curso de una tertulia radiofónica en la Cope, en Badajoz, en un programa al que también asistió el presidente de Extremadura, José Antonio Monago, personaje controvertido, como se sabe, en algunos ámbitos catalanes.

Solo que el significado de mis palabras, si no hubiesen sido sacadas de contexto, era absolutamente el contrario, y el tono era, como bien se percibe en la grabación, claramente sarcástico: estaba diciendo -es mi línea de expresión habitual- que con Cataluña hay que negociar, que no basta con decir 'no' a todo desde 'Madrid' y que yo incluso sería partidario de reformar la Constitución para permitir, a cambio de otras cosas -menos emisoras oficiales, otro tratamiento lingüístico, menos 'embajadas'-, que Cataluña tenga un régimen fiscal distinto. Negociar, en suma. Porque mantenerse en esa línea 'dura' del 'no a todo', decía yo, sería exacerbar una línea de distanciamiento que nos llevaría a la aberración de algo casi semejante al 'declaremos el estado de excepción' tras el establecimiento del Estat Catalá en 1934, o incluso al "y si encima fusilamos a Companys, mejor todavía".

Aislar esta frase, como hizo la emisora considerada nacionalista/secesionista, varía por completo el sentido de mi discurso, me hace aparecer como una especie de salvaje y me otorga un 'pensamiento' que es radicalmente el contrario al mío. Siendo, como soy, totalmente enemigo de la pena de muerte, sea contra quien sea y en las circunstancias que sea, habiendo dedicado mi vida y mi actividad profesional a fomentar el diálogo y el entendimiento entre 'Madrid' y 'Cataluña', se puede comprender mi pasmo al verme reflejado con ímpetus asesinos y haciéndome decir, sin más: "y si fusilamos a Companys, mejor todavía". Diosss...

Lo peor es que, en estos tiempos de Internet, estas cosas quedan. Las recogen, quizá con la mejor voluntad (o no), algunos periódicos digitales, quedan imperecederamente reflejadas en Google, incendian las redes sociales. Y vaya usted a explicar a quien aisló la frase de marras -no puede haber sido sino maliciosamente-- el daño moral que causa a alguien que, como quien suscribe, se ha forzado, hasta el extremo de crear un periódico 'on line' bilingüe en Cataluña -con los costes que ello tiene y las incomprensiones que ello provoca en 'ambos lados'-, en dar cabida a todo el pensamiento democrático y respetuoso. Sea cual sea, nacionalista o no, secesionista o no, así como para contar sin prejuicios ni deformaciones lo que quienes creemos en la libertad de expresión consideramos la realidad. Cierto: en las últimas horas recibí llamadas de disculpa en las que unos medios culpaban a los otros de esa manipulación. Ya era tarde.

Claro que quizá se trate de provocar ese daño moral. Todo sirve para alimentar los fanatismos de algunos que quieren la guerra, y ya se sabe que la primera víctima en las guerras es la verdad. Cierto, no soy catalán ni, por tanto, podría ser nacionalista catalán. Tampoco me considero nacionalista español. Nada, no soy más que un periodista que pretende hacer su trabajo con honradez. Lo cual, en mi código, no incluye sacar frases de contexto, ni encender hogueras artificiales, ni barrer para casa, ni hacerle la pelota al que paga, ni buscar enemigos de la 'causa' -a mí, desde luego, no me encontrarán en ese campo de enemigos: déjenme en paz... En fin, que si alguien quería provocarme un acceso de tristeza, lo ha conseguido. Que ese alguien malicioso, o amarillo, se sienta satisfecho. No sé si ha conseguido mucho más, y probablemente ha hecho un flaco favor a esa 'causa', sea la que sea; en todo caso, es una causa sectaria, ya se ve. Pues eso: que a veces uno, cabizbajo, piensa que nada, que no hay nada que hacer, por muy buena voluntad que le eches. Pero hay que seguir intentándolo

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