¿Hay sitio para un partido de centro?

Actualizado 31/08/2007 2:00:27 CET

MADRID, 31 Ago. (OTR/PRESS) -

La pregunta sobre si hay sitio en España para un partido de centro, que actuase de 'bisagra' entre los dos grandes, que así podrían lograr una mayoría suficiente sin depender de los nacionalistas, se ha revitalizado ahora con el 'caso Rosa Díez'. Es decir, su salida del PSOE para integrarse quizá en una nueva formación, aún de perfiles algo indefinidos. Una de esas noticias que, aunque esperadas, provocan un cierto ruido (sobre todo, en agosto). ¿Puede surgir una formación de centro animada por gentes como la ya casi ex eurodiputada Díez, el filósofo Fernando Savater, la gente de Ciutadans y algunos otros descolgados de acá y de allá? ¿Están los suficientemente gastadas las formaciones 'clásicas' nacionales -PSOE, PP e Izquierda Unida- como para que realmente se haga sentir la necesidad de un partido que oscile entre el centroderecha y el centro izquierda con un programa moderado en unas cuestiones y radical, por ejemplo contra los nacionalismos, en otras?

Adolfo Suárez ensayó una fórmula irrepetible, porque aquella Unión de Centro Democrática era, en realidad, un conjunto de extraños compañeros de cama que se unieron temporalmente para salir de una dictadura y caminar hacia una democracia. Después, Suárez puso en marcha su Centro Democrático y Social, pero nada era ya lo mismo y, tras vicisitudes varias, el CDS, sin Suárez y sin ninguno de sus fundadores, acabó integrando a sus escasos efectivos en el Partido Popular. Luego, nada: el bipartidismo con adherencias y con las formaciones nacionalistas allá donde tocaba.

Pero pienso que estas formaciones nacionalistas, Convergencia i Unió y el PNV, que han cooperado ocasionalmente a la gobernabilidad de España, no tendrían cabida como socias de un partido de centro como el que quisieran diseñar dos personajes con tan escasas simpatías por los nacionalismos como Díez y Savater, o como los actuales rectores de la bastante fraccionada Ciutadans. Todo ello da para poco, y me parece que más fácil sería que un nacionalista moderado acabase encaramándose al Gobierno central que que una nueva formación del tenor de la que quisiera construir Rosa Díez pudiese aspirar a tener unos resultados siquiera aceptables el próximo mes de marzo.

Salvo en períodos verdaderamente revolucionarios -lo fueron los meses siguientes a la muerte de Franco-, el nacimiento de nuevas formaciones políticas es algo que requiere de mucho tiempo, muchos esfuerzos y muchos errores por parte de los demás. Y no digo yo que PSOE y PP no cometan errores; pero ahora ya no hay tiempo para experimentos, y menos sin gaseosa, cuando faltan siete meses para unas elecciones generales decisivas.

Yo pienso que hay un cierto protagonismo en la actitud de Díez y, en otro sentido, en la de Savater. Pero tienen perfecto derecho a crear una formación, y hay que apoyar su nacimiento, si viene a enriquecer el panorama político. Y, desde luego, no viene a empobrecerlo. Sí pienso que van a quitar más votos al PP que al PSOE, pero allá ellos. En todo caso, mis mayores respetos para quienes, como Rosa Díez, han sabido romper una rutina de treinta años para explorar caminos nuevos: no todos se atreven a hacerlo.

Fernando Jáuregui