Josu Ternera y otras herencias misteriosas.

 

Josu Ternera y otras herencias misteriosas.

Actualizado 14/03/2013 13:00:16 CET

MADRID, 14 Mar. (OTR/PRESS) -

Temo que el Gobierno ha perdido una oportunidad -una más- de apuntarse un tanto. Esta vez, a cuenta, paradójicamente, de Josu Urrutikoetxea Bengoetxea, alias 'Josu Ternera', el etarra huido que encabezó la delegación de la banda terrorista en las 'negociaciones de paz' con el Gobierno español, presidido entonces por José Luis Rodríguez Zapatero. Resulta que, hace dos semanas, conocimos que Ternera junto con otros dos miembros de la teórica dirección de ETA, David Pla e Iratxe Sorzábal, habían sido expulsados de su santuario en Noruega y habían debido refugiarse en Francia. Ello dio pie este miércoles a una pregunta de la diputada Rosa Díez en la sesión de control parlamentario a Mariano Rajoy: ¿Qué pasa con el eterno huido Josu Ternera? Y ahí es donde el Gobierno, quizá por un mal entendido prurito de discreción hasta que todo esté consumado, perdió la oportunidad de explicar con claridad cómo están las cosas. Y las cosas están, básicamente, bien.

Sé perfectamente que no faltan quienes reprochen al Gobierno anterior haber negociado con ETA, en general, y haber mantenido una cierta impunidad para el fugado Ternera, en particular. Lo que yo creo saber al respecto es que, en efecto, las autoridades policiales, en los tiempos de Zapatero, tuvieron en todo momento más o menos localizado al cabecilla negociador de la banda y que, incluso, estuvieron muy al tanto de los problemas de salud del etarra, con un largo historial delictivo previo a su elección como diputado vasco y a su huida de España. Una fuente segura me explicó entonces que Josu Ternera era la máxima esperanza de lograr la paz, porque esa era su posición personal, frente a otras mucho más extremistas en la banda asesina.

Y, de hecho, conozco episodios verdaderamente curiosos acerca de esta relación de Ternera con el Gobierno español... y con los anfitriones de ambos, por ejemplo el Ministerio de exteriores noruego, que incluso albergó a ambas delegaciones negociadoras, en 2007, en un cóctel ofrecido a ambas partes, y al que ambas partes acudieron. Hay momentos chuscos, y momentos de enorme tensión, en todo ese proceso, como cuando el 'negociador gubernamental', José Manuel Gómez Benítez (hoy miembro del Consejo del Poder Judicial) se agarró de las solapas con un miembro de la delegación etarra.

Pero, en resumen, me encuentro entre quienes piensan que la negociación con ETA supuso un paso adelante en el proceso de paz con la banda que ha sido la pesadilla de los españoles durante cuarenta años. Ahora, me dicen, el proceso está acabando, y hasta se habla de preparativos de una entrega de armas por parte de los terroristas, que piden a cambio, a través de un centro negociador -Henry Dunant, en Suiza--, la libertad de Arnaldo Otegi y de catorce presos de ETA cuya salud es delicada; espero que nadie se escandalice si digo que ambas condiciones podrían cumplirse con relativa facilidad jurídica (y judicial). Ahora que estamos, parece, al fin de un camino sin que pueda hablarse siquiera de una negociación -quizá sí de conversaciones por persona interpuesta- entre el Gobierno y la banda. Rajoy despachó en pocas palabras la pregunta parlamentaria de la jefa de UPyD, pero podría haber dado algunos indicios esperanzadores: al fin y al cabo, el que, definitivamente y sin posibilidades de resurrección, ETA se acabe es una gran noticia para los españoles y se me ocurren pocas razones -incluyendo las de Estado, o las de procurar que el proceso no se estropee- para ocultarlo, como hizo Rajoy en su respuesta a doña Rosa Díez en la mañana de este miércoles.

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