Más sobre las dos españas

Actualizado 09/02/2007 1:00:38 CET

MADRID, 9 Feb. (OTR/PRESS) -

Cuando las dos españas -asumiendo inequívocamente que existen- se tensan, las cosas se ponen feas, porque hablamos de rivalidades, demasías y desmesuras. Cierto es que la tensión extrema se reduce a los cenáculos, mentideros, pasillos y paseantes de las Cortes y a algunos círculos mediáticos de la Villa y Corte, pero qué duda cabe de que la crispación se va extendiendo por toda la geografía nacional. Y temo que no es un sano clima preelectoral lo que está primando entre nosotros: esto empieza a ser una concepción dual, enfrentada, de lo que debe ser un país.

Cuando las televisiones públicas provocan confrontaciones que llegan hasta el insulto entre personajes que deberían mantenerse respetables, porque representan a un medio de comunicación o a instituciones universitarias, es que algo no está funcionando demasiado bien. Cierto que alguna cadena, algunos famosos conductores de programas televisivos, buscan el espectáculo por encima de todo, enfrentando a veces a auténticos histriones para conseguir un punto más de 'share'; lo malo es que la clase periodística toleramos, somos cómplices, en estos foros enemigos del debate y la confrontación civilizada de ideas.

Y este no es más que un síntoma de que las dos españas se miran con ojeriza, no con la simpatía de quien se sabe completado por quienes piensan distinto. Las manifestaciones no se hacen contra ETA, sino contra el Gobierno o contra la oposición. Algunos togados no actúan siguiendo los dictados de las leyes, sino las órdenes emanadas de los estados mayores de los partidos. El Gobierno no nombra a un nuevo ministro en función de sus capacidades, sino, como indicó el 'número dos' del PSOE, porque molesta al PP, "luego hemos acertado".

Hay un repliegue de la inteligencia, de la mesura: Unamuno volvería a su tumba entristecido si viviera estos momentos en los que la insoportable levedad de quienes representan a la ciudadanía se pone tan de manifiesto. Una España arroja sal gorda a la otra, se abren las hemerotecas para recordar dislates en lugar de mirar al futuro. Es de temer que la ciudadanía -lean con cuidado la parte reservada de las encuestas- empieza a abandonar la política, o al menos a la clase política. Se avecina una campaña electoral que va a estar llena de afirmaciones falsas, de ataques a las personas, de insinuaciones de corrupción sin pruebas... si es que no se llega más allá. Temo que existen razones para la desazón. Muchas razones para una gran desazón, y que me perdonen quienes, alejados de estos cenáculos envenenados de los madriles, aún sientan la bonanza de la distancia del epicentro del terremoto.

Fernando Jáuregui.

OTR Press

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