¿Por qué no adelantar el debate sobre el estado de la nación?

Actualizado 20/04/2009 14:00:17 CET

MADRID, 20 Abr. (OTR/PRESS) -

La semana que comienza es la que conocerá, presumiblemente, un mini-debate en el Congreso de los Diputados en torno al nuevo Gobierno, que ya llevará, cuando se produzca la sesión de control parlamentario, dos semanas en funcionamiento. Poco tiempo si hubiéramos de atender a ese reclamo, en mi opinión absurdo, de cien días de respeto a un nuevo Ejecutivo; absurdo, entre otras cosas, porque este elenco ministerial no es, en puridad, tan, tan nuevo. Y también porque misión del poder legislativo es controlar, en todo momento, al Ejecutivo. Aunque, en el caso de España, casi nunca lo parezca. Nuestro Parlamento bicameral es algo sesteante, tiene demasiadas vacaciones, un reglamento inadecuado y un funcionamiento algo paquidérmico: por eso, la sociedad mira hacia otro lado.

Digo todo esto porque llegan a mis oídos tímidos intentos de acelerar un debate sobre el estado de la nación que, en principio, no debe tener lugar sino después de las elecciones europeas, acaso allá por finales de junio, cuando Sus Señorías ya empiezan a despedirse para afrontar el largo, ausente y cálido período veraniego. Pero me parece que, por una vez, las prisas impulsadas desde los medios de comunicación y por sectores muy amplios de la sociedad van a prevalecer sobre el siempre demasiado prudente 'timing' de la clase política: al fin y al cabo, Zapatero trataba de postergar la remodelación ministerial hasta después de esas elecciones europeas del 7 de junio, pero no lo ha logrado, porque el clamor de la calle ante un Gobierno con demasiados boquetes se ha impuesto.

Me parece muy insuficiente el estrecho, alicorto, esquema de una sesión de control parlamentario al Ejecutivo para analizar desde el Legislativo la puesta en marcha del 'nuevo' equipo de Zapatero. De hecho, debo confesar que pienso que esas sesiones matutinas de los miércoles (de algunos miércoles) son bastante poco útiles. Menos mal que, esta semana, ese realismo al que antes me he referido impone también que Zapatero dé explicaciones antes del 'cara a cara' (o rifirrafe, si usted lo prefiere) de esa sesión de control. Pero, claro, eso no basta. La situación del país no se debate a fondo en media mañana de hemiciclo. Hace falta, creo, traer cuanto antes a las Cortes el aire fresco de un debate sobre el estado de la nación, porque el estado de la nación lo requiere.

Nos hallamos ante la disyuntiva de una política desde el Gobierno de Zapatero exclusivamente socialista o, por el contrario, de mano tendida hacia otras formaciones. Y, en este último caso, esa mano tendida hacia el pacto puede dirigirse hacia la izquierda -como parecería si se atiende a los planes de leyes 'sociales' anunciadas por Zapatero la pasada semana- o hacia la derecha -como daría la impresión si se atisban planes para llegar a consensos en materia de política laboral, o cuando se contempla el éxito alcanzado entre los ciudadanos por el pacto en el País Vasco-. Eso es lo que Zapatero tendría que definir de una manera nítida, sobre todo ahora que ha dado un ligero giro al funcionamiento del grupo parlamentario socialista: esta semana será la primera en la que el sustituto de Ramón Jáuregui, Eduardo Madina, entre verdaderamente en acción.

Todo indica que el dúo José Antonio Alonso, presidente de los parlamentarios socialistas, y Madina, secretario general, va a lanzar mensajes de concordia a todos los grupos de la Cámara Baja. Necesitan acuerdos cada vez más urgentes para sacar adelante todas esas leyes enunciadas por Zapatero y otras que tienen relación con la reforma de las estructuras económicas, para no hablar ya de unos Presupuestos Generales del Estado para 2010 cuya elaboración, debate y aprobación van a resultar especialmente complicados. Estamos ante una crisis que no afecta solamente a la economía, sino también a muchos valores sociales que hasta ahora parecían asentados. Una nueva era. Si, como dicen los defensores de una democracia cada vez más pura y nítida, el poder Legislativo debe ser quien prevalezca frente a los otros dos definidos por Montesquieu, ¿habrá alguien que diga 'no' a la celebración de ese gran debate, que es mucho más que un espectáculo político, sobre el estado de la nación?

FERNANDO JÁUREGUI

OTR Press

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