No se me pase usted de la raya

Publicado 01/07/2017 8:00:32CET

MADRID, 1 Jul. (OTR/PRESS) -

Hay quien piensa, y dice, que los periodistas nos pasamos de quisquillosos cuando de hablar de libertad de expresión se trata. No lo comparto, por supuesto: nunca es bastante la libertad a la hora de expresar, con las consideraciones y limitaciones legales que correspondan, por supuesto, los propios criterios. Y nunca es tarde para recordar, a los poderes que sean, aquello de que 'noticia es todo aquello que alguien no quiere que se publique'; lo demás es o propaganda o peloteo. Como veterano informador que allí andaba hace cuarenta años, agradecí mucho al Rey y a la presidenta del Congreso, Ana Pastar, sus menciones, en la reciente conmemoración de las primeras elecciones democráticas, al papel jugado por los medios a la hora de fomentar esa democracia y esas libertades. Pero no basta con declaraciones más o menos rimbombantes: la práctica diaria es lo que me/nos preocupa a muchos. Y esa práctica es la que, a veces, nos advierte de que no nos pasemos de la raya, so pena de que, si nos pasamos, pues eso: palo. Pero ¿quién establece esa raya?

Sí, ha sido el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, persona a la que aprecio, quien ha lanzado esta vez el aviso, dirigido contra un periódico que le critica: está, dice, esperando a que este medio se 'pase de la raya' para lanzar sus rayos legales contra el diario. Rayos contra la raya. Inquina personal, pienso. Como la de Pedro Sánchez contra otro matutino madrileño. Ay de quien se 'exceda' -comillas, por favor- en su crítica al político, o futbolista, o banquero, o folclórica, de turno. Se le echará encima todo el peso de la ley: los rayos a quien traspase la raya invisible. Amenaza poco democrática, digo yo. Que, sin embargo, defenderé siempre que las leyes amparen al inocente frente a la calumnia o la injuria. Lo que ocurre es que siempre abogaré también por la primacía del derecho a informar sobre el derecho a la privacidad. O a la ocultación. Y conste que, por seguir estos principios, alguna vez me he visto en los tribunales (civiles) y hasta he perdido, quizá razonablemente, ante el criterio del magistrado de turno.

Abandonemos, en fin, el 'caso Montoro', persona que, ya digo, suscita mis simpatías y cuyas mayores culpas residen, me parece, en sus excesos verbales -que le han hecho acreedor al cese, me temo- ... y vamos al 'caso Parlament'. Que es distinto y distante. Han decidido en esa cámara legislativa, de hecho 'okupada' por los independentistas -espero que comprendan esta obvia exageración--, castigar a los medios díscolos, que se nieguen a incluir publicidad en favor del referéndum secesionista, con la supresión de las 'ayudas de la Generalitat a los medios'. Y ¿a quién ayudaban hasta ahora? ¿Se puede, con dinero público, discriminar a unos medios respecto de otros en función de su línea editorial, de sus principios o creencias? Nada me parece más inconstitucional, menos democrático, más totalitario, más ilegal, que esa decisión del órgano que, teóricamente, debe encargarse de elaborar el marco legal.

Quizá podría, asimismo, hablarles del plasma, que es el muro de Berlín frente al contacto con los informadores. O de la ausencia de ruedas de prensa, tan cara a algún político emergente. Del desprecio general al periodista -que no digo yo que algunas veces no lo merezcamos--, a quien 'ellos' miran de soslayo, o no lo miran siquiera. Pero, eso sí, luego a todos se les llena la boca hablando de su insoslayable defensa de la libertad de expresión...

Jolines, qué tropa, que hubiera dicho Romanones, si hubiera vivido en esta época de contención políticamente correcta y en la que las palabras malsonantes se disfrazan. Hombre, ya sé que lo de Trump, que cae en la más baja de las groserías cuando habla de los periodistas que no le gustan -la mayoría--, es mucho peor: no imagino un escenario más zafio que la del presidente americano cuando combate a ese 'cuarto poder' que acabará derribándolo. Pero yo no quiero un escenario de batalla, sino de cooperación crítica, en el equilibrio de poderes. Y para los medios reclamo un lugar de honor, sin 'rayas' arbitrarias, sin vetos de Parlament ninguno, con ruedas de prensa que admitan todo tipo de preguntas y con solamente un Código, el Penal, regulando lo que los medios puedan o no decir sobre alguien. Faltaría más.

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