¿Dimitir Rajoy?¿Y por qué?

 

¿Dimitir Rajoy?¿Y por qué?

Actualizado 11/03/2008 1:00:23 CET

MADRID, 11 Mar. (OTR/PRESS) -

Una vez sedimentadas las cosas, el panorama está como sigue: ganó, claro, el PSOE -alguna emisora, alguna web de Internet parecen no haberse enterado-, pero no perdió el PP. Perdieron los demás, los pequeños. El PP obtuvo más votos que en 2004, cosa que no les ocurrió a los socialistas, pese a que esta vez había millón y medio más de votantes. Madrid y Valencia siguen siendo feudos 'populares'. Crece algo en Andalucía, pese a las autonómicas allá. Pero, como ocurre en ocasiones con algunas empresas señeras, cuyo problema son sus clientes en declive de edad, al PP le hacen mucho daño algunos de quienes se proclaman sus apoyos y un par de dirigentes, emboscados por ahí, que dan en cuestionar el liderazgo de quien, guste o no guste, es hoy por hoy el líder del partido.

Curioso, pero algunos tertulianos y comentaristas, en columnas de periódicos, en radios y en alguna televisión, hablaban en las últimas horas y no paraban de la dimisión de Rajoy. Pero ¿por qué tiene que dimitir, si ha mejorado sus marcas? El caso es que había muchas miradas atentas a ver quién aparecía y quién no en el balcón de la sede 'popular' en la calle Génova. Mis espías en la sede del PP dicen que las apariencias indican que en algún despacho, concretamente en el de Rajoy, se vivió el domingo una noche toledana, de reproches y de amarguras, sobre todo en algún momento del recuento inicial.

El caso es que al balcón salieron Rajoy, Acebes, Pío García Escudero y, claro, Pizarro. La discretísima 'Viriti', Elvira, la mujer de Rajoy, estaba allí, más sosteniendo, desde su cuerpo frágil, el corpachón de su marido, que botando, con 'b', por una victoria que no llegó. Ella no es política y tenía cara de circunstancias, de lógica preocupación por Mariano.

No sé, la verdad, si esa noche tremenda Rajoy tuvo, como dijo algún confidencial, tentaciones de dimitir. La cara de 'Viriti' era un poema casi descifrable. Pero ni puede, ni debe -quizá sí se le haya pasado por la cabeza- marcharse ahora. Tiene una misión que cumplir: centrar su partido, acosado por tanto comentarista montaraz, por tanto falso líder social de masas, por tanto representante de intereses superiores que quizá debería mirar más al cielo y menos a la tierra. Y tiene Rajoy otra misión: templar a Zapatero, crecido hacia la izquierda, aunque con un discurso, en la noche del domingo, pienso que positivo y adecuado. Tendió el vencedor la mano al consenso en grandes temas de Estado (y ¿a quién se la va a tender, sino al PP?), dijo 'no' a la crispación. Esos dos tienen que hablarse por teléfono para algo más que cruzar las palabras "enhorabuena" y "gracias". Y verse urgentemente. La gente quiere que se entiendan, y eso deberían hacer, si han comprendido bien el mensaje inapelable de las urnas.

Sí que estaba, aunque no en primera fila del balcón, Esperanza Aguirre. Gallardón se pasó por allí; confiemos en que no se le ocurra ahora consumar la venganza de marcharse. Con él se cometió un error, el primer gran error -el segundo fue el de Ignacio Astarloa el pasado viernes, desmarcándose de la unidad de todos tras el crimen de ETA-. Pero Gallardón tiene que seguir siendo lo que es: una conciencia heterodoxa del PP, el enemigo de los que hunden al PP diciendo apoyarle.

Me interesa especialmente, más que lo que ahora piensen los socialistas, la reflexión en el PP, en suma. Donde algo debería cambiar para que todo siga básicamente igual. Es la gran oportunidad de Rajoy. Pero tiene que limpiar un poco el huerto. Por el balcón de Génova no vimos a Zaplana, que es el número cuatro por Madrid, aunque no sea de Madrid, ni falta que hacía allá. 'Espe' estaba en un segundo plano, segura de sí y de su feudo, aunque no sean todos en el PP entusiastas de esta dama de hierro con vestidos de seda. No vimos a Soraya, en la penumbra. ¿Y Arenas, y Nuñez Feijoo, y Esteban González Pons? Cada uno estaba en su sitio, en su circunscripción, pero en ese ya famoso balcón de Génova cabrían todos ellos perfectamente; son el futuro.

Tiene que cambiar Rajoy su comunicación hacia la sociedad, que no a sus responsables de comunicación -por primera vez, tanto Gabriel Elorriaga como Carmen Martínez de Castro están adecuadamente en sus sitios; y cuanto más los critiquen desde sectores extemporáneos, que buscan apenas la confrontación social, mejor para ellos-. Puede que Rajoy convoque congreso del PP para el otoño y vaya ajustando piezas de aquí a entonces. Digan lo que digan, no tiene sustituto fácil. Y, además, ¿por qué iba a tenerlo, si los suyos le quieren?

Fernando Jáuregui

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