Pena de telediario.

Actualizado 05/07/2011 14:00:53 CET

MADRID, 5 Jul. (OTR/PRESS) -

De entrada, debo decir que la figura de Teddy Bautista me resulta, como, imagino, les sucede a la mayor parte de los españoles, poco simpática. Y la Sociedad General de Autores me ha parecido siempre un bunker inexpugnable, sin la menor transparencia, donde la directiva, con récords de permanencia en el cargo, hacía y deshacía a su antojo, portándose de manera despótica con la sociedad. El propio funcionamiento de la SGAE resulta asombrosamente desfasado en estos tiempos de Internet y libertad de circulación de la cultura, y eso es algo que desde el propio Ministerio de la cosa no han sabido entender sus responsables en general y doña Angeles González Sinde en particular.

Pero todo esto es una cosa. La obligación de mantener la presunción de inocencia es otra, y no siempre se ha hecho en este caso: las acusaciones son graves, pero pienso que los medios no podemos actuar como juzgadores paralelos. Imponer la pena de telediario al presunto es un paso más en esta escalada antigarantista. Muchas veces, pese a ser periodista y valorar, claro está, el peso de la noticia audiovisual, me he pronunciado en contra de la facilidad con la que los imputados son captados por las cámaras: la imagen de un personaje famoso saliendo destrozado tras el interrogatorio judicial me parece poco acorde con la dignidad a la que toda persona, incluyendo a los delincuentes, tiene derecho. Se llame el personaje Teddy Bautista, Strauss Kahn, Isabel Pantoja o como se quiera.