¿Es la situación económica tan, tan mala?

Actualizado 22/01/2008 1:00:34 CET

MADRID, 22 Ene. (OTR/PRESS) -

Este lunes fue un día de susto en las bolsas. Hubo momentos en los que el desplome parecía incontenible y un cierto pánico empezó a adueñarse de los corazones y las carteras, pese a las palabras tranquilizadoras de los estamentos oficiales. Los periodistas nos lanzamos como locos a la persecución de empresarios y expertos tratando de averiguar si, en realidad, la situación económica es tan, tan mala como parecía. Yo no me cuento, obviamente, entre esos expertos, pero sí llevo visitando los parquets el tiempo suficiente como para evitar alarmismos excesivos.

Pienso que uno de los problemas reside en que estas turbulencias económicas se producen en campaña electoral, con lo que los principales contendientes se sienten obligados a no decir la verdad: Zapatero sigue pintando el horizonte color de rosa, contra tantas evidencias. Y, desde la oposición, se ve todo absolutamente negro y casi sin salida, desmintiendo tantos datos alentadores. Por el camino de en medio, transitando sin paraguas, creo que va la inmensa mayoría de quien este lunes gris -no lo llamemos, aún, negro- sintieron que se empobrecían algo, o bastante.

Y es que la economía, como tantas veces se ha dicho, es un estado de espíritu, o un estado de ánimo, como nos viene diagnosticado desde Keynes, y no digamos ya Galbraith. El pánico genera pánico y la falta de realismo por parte de quien nos gobierna genera desconfianza. Factores ambos muy negativos para la marcha de una economía.

Por cierto que los economistas más veteranos a los que consulté me recomendaron calma, mucha calma. La Bolsa exige no precipitarse jamás, no vender cuando llega el susto ni comprar cuando la euforia, lo cual es una receta vieja como los propios mercados. Claro que, naturalmente, ninguno de esos economistas eran del PSOE. Ni del PP. Yo, por el momento, he dejado tranquilas mis bastante escasas inversiones. No porque me fíe de la euforia del Gobierno ni porque desoiga del todo las sirenas de peligro que amplifica la oposición. Confío más en la máxima ignaciana, que nos aconseja que, en tiempos de zozobra, no hay que hacer mudanza. Y eso, simplemente, me parece lo más sensato que se puede hacer aquí y ahora.

Fernando Jáuregui.

OTR Press

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