...y van diez.

 

...y van diez.

Actualizado 14/12/2011 13:01:05 CET

MADRID, 14 Dic. (OTR/PRESS) -

Asisto a la apertura de la X Legislatura, con la constitución de la Cámara Baja y la toma de posesión de los diputados (y senadores en la Cámara Alta). Llegan los 'nuevos' y se echan en falta algunas caras históricas. Creo que todos los que deambulamos por los pasillos del Congreso tenemos la sensación de que se está inaugurando, más que otra Legislatura, un período que será histórico, o al menos es la impresión que detecto: pocas veces en todos mis años de paseante en Cortes -y por allí he andado desde las constituyentes de 1977- me he quedado, como este martes, con la imprecisa idea de que allí se estaba empezando a escribir un nuevo capítulo de la Historia, con mayúsculas. Un capítulo que tendrá poco de repetición con respecto a los anteriores.

Si tuviera que hacer una crónica del estado anímico de las Señorías que entraban a la Cámara, diría que el ambiente no era precisamente de euforia: de las bolsas llegaban noticias contradictorias, Moody's seguía haciendo de las suyas y todos estaban al cabo de la calle, me parece, de que allí se inauguraba algo así como una segunda transición. Todo va a estar en tela de juicio y no basta la presencia siempre apacible del nuevo presidente de la Cámara, Jesús Posada, para aplacar a las fieras domésticas y exteriores. Ni basta la aparente normalidad con la que se recibió a los componentes de Amaiur -que, tras prometer la Constitución en euskera y "por imperativo legal", acabarán teniendo grupo parlamentario propio, sin una oposición más que de boquilla por parte de otros grupos- para despejar la creencia generalizada de que el curso va a ser de todo menos fácil.

Pero, en fin, todos querían remansar las aguas. Y las personalidades a las que Rajoy ha querido poner al frente de las dos cámaras legislativas -Jesús Posada y Pío García-Escudero en el Senado- no serán, precisamente, quienes desencadenen tormentas: creo que son dos temperamentos dialogantes que, pese a su perfil poco dinámico, contribuirán a generar protagonismo para la vida parlamentaria, lo cual siempre será positivo.

Han sido días de enorme tensión política, económica, social. Creo que todos, los que se iban, los que se quedan y los que vienen, sabían que no está el horno para crispaciones, ataques mutuos y descalificaciones: todo llegará, me temo, y será más bien pronto que tarde, tal vez ya en la sesión de investidura, que yo presumo más bien dura y quizá hasta algo bronca, porque Rubalcaba tiene que ir preparando su congreso del PSOE de febrero. Pero pienso que cometerá un error quien primero desentierre el hacha de la guerra dialéctica, cuando los ciudadanos parecen haberse contagiado del ambiente de acercamiento imperante estos días entre las dos principales formaciones políticas. De momento, la jornada de este martes fue, diría yo, hasta apacible, ojalá no con esa bonanza que precede a las tempestades.

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