Este Vargas Llosa...

Actualizado 22/05/2007 2:00:36 CET

MADRID, 22 May. (OTR/PRESS) -

Leo con detenimiento -el personaje siempre interesa- una entrevista a Mario Vargas Llosa. Con él, con Julio Cortázar y con otros de la entonces 'movida' literaria latinoamericana se despertó mi curiosidad por las nuevas formas de novela, que en el fondo son las formas eternas de narrar bien una historia. Desgraciadamente, desde hace años aprecio -claro que no soy el único- una evidente decadencia en esta narrativa del gran escritor peruano, ahora españolizado: sus últimos relatos carecen de la garra de aquella inolvidable 'Conversación en la catedral', por ejemplo. Y sus opiniones políticas me merecen, debo confesarlo, un respeto decreciente. Decir, como decía MVLL en la mentada entrevista del pasado domingo, que los nacionalismos no son democráticos, me parece, así de entrada, una barbaridad.

Pienso exactamente lo contrario: hay nacionalismos que constituyen una nueva forma de ver este país nuestro -la 'tercera España', dice Josep Antoni Duran i Lleida-, más centrista ya que no centralista, y que han ayudado a que nos gobiernen uno u otro partidos nacionales mayoritarios con menores estridencias y con menos prepotencia. Recordemos, si no, la diferencia entre la primera Legislatura de Aznar, en colaboración con los nacionalismos moderados catalán y vasco, y la segunda, bajo la sombra de la mayoría absoluta del aznarato.

El nacionalismo es, más que una doctrina política, un estado de espíritu, al menos tal y como yo lo concibo. A veces no es fácil entenderlo desde un punto de vista racional precisamente por eso. Pero ocurre que los partidos nacionalistas en el País Vasco, en Cataluña, suelen ser los más votados o están siempre entre los más votados. ¿Habría que discriminarlos precisamente por eso? O, puesto de otra manera, supongamos -es lo más probable- que, tras las próximas elecciones, un PP o un PSOE ganadores habrán de buscar alianzas precisamente en estos partidos; ¿sería antidemocrático que CiU o el PNV pidieran puestos en el Gobierno o incluso, según los resultados, que intentasen hacerse con la presidencia del Gobierno central?

Claro que parece que en la mentalidad vargasllosiana -y en otras muchas- el ser catalán o vasco, y encima nacionalista, constituye un hándicap o, peor, un impedimento. Eso, don Mario, es lo que a mí no me parece democrático. Y, a partir de ahí, discutimos, si usted quiere, cómo afrontar los egoísmos, el victimismo permanente, la estrechez ocasional de miras, de los nacionalistas. Pero esa, claro está, es otra historia.

Fernando Jáuregui.

OTR Press

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