Otra vez toca recibir sobre el horror

 

Otra vez toca recibir sobre el horror

Actualizado 04/12/2008 1:00:27 CET

MADRID, 4 Dic. (OTR/PRESS) -

Hoy toca, de nuevo, escribir sobre el horror. Tal vez debería haber escrito hoy sobre esa legión de desempleados, tres millones, que encuentran cada día la desolación, la incertidumbre y esa sensación terrible de que la sociedad no te necesita (lo que es radicalmente falso). Quizá acerca de tantos problemas como acechan a la vida cotidiana de los españoles. No puedo, porque estos tipos se han cargado, de nuevo, la difícil normalidad a la que tratamos de acomodarnos quienes queremos vivir en paz y seguir construyendo la democracia: tengo que unir mi voz a la de casi todos los habitantes de este país nuestro, España, dolorida porque ETA ha vuelto a colocarse a la cabeza de las pesadillas que vivimos los ciudadanos. ETA ha matado como antes, como siempre.

Ya sé que no es el momento de hablar de política, pero lo cierto es que el País Vasco va a iniciar el año con una precampaña electoral. Ignoro quién pueda ganar esas cruciales elecciones ni si, como sería mi deseo, se va a producir un vuelco que garantice que otros van a ocupar el gobierno autonómico. Ni sé cómo podría articularse una mayoría estable capaz de conducir la vida de los vascos durante los próximos cuatro años, inicio de una nueva era.

Lo que sí sé es que tiene que ser un ejecutivo formado en torno a la idea de que ETA no puede seguir matando, que hay que hacerle la vida imposible, que no hay reivindicación política que merezca la sangre de nadie vertida en el asfalto. Y yo, que tanto he defendido la necesidad de negociar con la banda del horror, sin abdicar por ello del justo castigo que merecen, pido ahora que cese todo contacto con estos locos malvados hasta que ofrezcan alguna prueba de mínimo raciocinio, de al menos una chispa de humanidad.

No, no podemos acostumbrarnos al horror que cotidianamente tratan de imponernos estos asesinos, los verdugos de todo un pueblo. Que el sacrificio que han impuesto a Ignacio Uría sea, de verdad, el último. Que paguen muy caro este acto de crueldad del que solamente pueden obtener más presos, más años de cárcel, más desprecio. Ellos quizá no lo entiendan -no entienden nada-, pero acabó la época en la que podían matar, así como así. Esta sociedad madura, habituada a la democracia, no puede encontrar la menor justificación para que estos tipos sigan matando en nombre de quién sabe qué idea imposible. Ya no caben componendas. Han matado a Uría, y Uría es el símbolo de que ya no podemos aguantar más, ni un minuto más. A por ellos.

Fernando Jáuregui.

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