El no tan espléndido aislamiento de Mariano Rajoy

Actualizado 22/01/2007 1:00:17 CET

MADRID, 22 Ene. (OTR/PRESS) -

Todo está preparado para que Rubalcaba, el embajador extraordinario de Zapatero para cuestiones internas, explique a los grupos parlamentarios la nueva estrategia (de nuevo) de lucha contra ETA y, sobre todo, para que intente acordar con Eduardo Zaplana, con quien, al fin y al cabo, ha compartido tantas conspiraciones, una reunión del pacto antiterrorista. El teléfono móvil del ministro del Interior no descansa, como tampoco descansaba cuando era portavoz parlamentario; aseguran que el de Zapatero está igualmente siempre ocupado, sobre todo en estos días: dicen que es el mismísimo presidente quien se asoma al teléfono de algún periodista los fines de semana para filtrar lo que haya que filtrar. Por ejemplo, la reunión del Gobierno con ETA del pasado mes de julio, en la que la banda puso sus duras condiciones y las cosas empezaron a ponerse feas, aunque parece que el optimista antropológico Zapatero no se quiso dar por enterado.

Aún no ha transcurrido un mes desde el atentado de ETA y ya se asiste a la recomposición del marco político y hasta, curiosamente, jurídico: a los 'cachorros' de la banda del terror empiezan a caerles sentencias más duras, han comenzado los encarcelamientos de quienes volvían a ejercer la 'kale borroka' más salvaje y el ministro del Interior promete detenciones y mano dura. Y resulta que desde el PNV llegan voces apoyando esa mano dura, cosa inédita. Hay un reforzamiento patente del frente 'socialistas-nacionalistas', tanto en el País Vasco como en Cataluña, que debería hacer meditar a Mariano Rajoy, anclado ahora, parece, en el 'ya lo decía yo' y en el 'teníamos razón, y los hechos empiezan a dárnosla'.

Porque la verdad es que la soledad política del PP, a pesar de la patente coherencia de muchos de sus mensajes, es completa y amenaza con ser de larga duración. Cuando le comentas esto a un dirigente 'popular', te mira con algo de inquina y te recuerda que, tras este partido, hay diez millones de votos. Desde luego que sí: millones de votos, setecientos mil militantes, más de mil sedes repartidas por España. El PP es un partido fuerte, con un liderazgo respetable y respetado, aunque algunos lugartenientes de Rajoy estén sometidos a una contestación que se deriva más del pasado que del presente. Pero jamás podrá llegar a La Moncloa si no cuenta con algunas alianzas posibles, y si los contactos con Cataluña y el País Vasco siguen en la tónica de hostilidad antinacionalista que inauguró la última etapa de Aznar. El PP, sin aliados, sigue necesitando obtener mayoría absoluta para llegar al poder, no meramente sacar más votos que los socialistas, cosa que tampoco está nada claro que vaya a ocurrir a la hora de ir a las urnas.

Tal vez por ello, he escuchado voces en el PP que hablaban de la necesidad de aprovechar una convocatoria del pacto antiterrorista para empezar a mostrarse más 'comprensivos' con los obvios deslices del presidente Zapatero. Hay críticas internas a la ausencia de Rajoy, Aguirre y Gallardón en la manifestación antiterrorista del pasado día 13. Y mal, muy mal, harían en el PP generando entre los inmigrantes la sensación de que les dan la espalda. Pese a la evidente disciplina que reina en el principal partido de la oposición, de cuando en cuando se atisban señales de impaciencia: ¿a dónde vamos y con quién?

Pues eso: de momento, con nadie. Y hoy por hoy no resulta este un aislamiento tan espléndido como desde el PP, esforzado en nuevas estrategias de comunicación, quieren vendernos.

Fernando Jáuregui

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