El retrato que desapareció.

Actualizado 26/06/2011 14:00:43 CET

MADRID, 26 Jun. (OTR/PRESS) -

La semana que hoy concluye ha sido pródiga en imágenes impactantes. Es casi un resumen fotográfico: hemos visto a la vicepresidenta económica -a la que hay que reconocer una encomiable labor en el terreno de actuación que le queda convenciendo 'in extremis' a los nacionalistas para que evitasen la caída del Gobierno y apoyasen, con su abstención, la nueva normativa sobre negociación colectiva. Hemos visto al presidente Zapatero tratando de navegar por la escollera europea -tampoco estaba mal la foto del angustiado Yorgos Papandreu entre los mandatarios de la UE-. Hemos visto los relevos de algunos presidentes autonómicos por otros -con Dolores de Cospedal como figura estelar-, el poder más que emergente del PP. Hemos visto, claro está, y también lo hemos oído, al nuevo diputado general de Guipúzcoa, Martín Garitano, con su 'pin' con el número del preso Arnaldo Otegi en la solapa*Pero, para mí, la imagen más significativa ha sido una no-imagen.

La no-imagen del Rey en el salón de plenos del Ayuntamiento de San Sebastián. El retrato del Monarca, que ambientó la toma de posesión del 'bildutarra' Juan Carlos Izaguirre como alcalde, ha desaparecido. Debo decir que lo pronostiqué apenas vi la entrada inicial de Izaguirre en la sala: ese retrato, similar al que tienen las salas de plenos de casi todos los ayuntamientos de España, y que responde a una norma contenida en la Ley de Bases de Régimen Local, iba a durar poco colgado en la pared. Pues bien: ya no está.

De cuantas cosas nos están cambiando súbitamente, desde los recortes en el estado de bienestar hasta la velocidad en las carreteras -efectivamente: el 'mago' Rubalcaba ha conseguido centrar nuestra atención en tan efímera e insignificante medida--, yo diría que lo más trascendente va a ser lo que ocurra en las llamadas 'nacionalidades históricas'. En Euskadi se está delineando ya, me parece, un acuerdo no escrito -aún_entre el PNV, que ha consentido que los 'abertzles' lleguen a los ayuntamientos y a la Diputación guipuzcoana, y lo que significa Bildu. Hay ahí una alianza en ciernes, pensando en las elecciones autonómicas vascas, frente a la que podrían intentar mantener el PSE y el PP.

Auguro conflictos, como los hay siempre que una sociedad se parte en dos mitades. Los peneuvistas, y hasta Bildu, tenían ahora la oportunidad de cauterizar heridas y cerrar brechas, que no basta con la desaparición de ETA para normalizar el cuerpo social vasco. La han desaprovechado y han hecho exactamente lo contrario. Ahora, al Estado, al Gobierno central, debilitado como casi nunca lo estuvo, al líder de la oposición, al resto de fuerzas políticas, incluso a la ciudadanía en la calle -e incluyo a lo mejor del 15-m- les corresponde tocar a rebato, defender la legalidad. Sea usted monárquico o republicano, no podrá negarme que el retrato del jefe del Estado, en este caso Juan Carlos I, ha de figurar, entre otras razones porque lo dice la ley, en el salón de plenos de los ayuntamientos. Quitarlo porque "no es representativo" no es solamente una violación de la legalidad: es, más grave aún, una provocación contra el actual estado de cosas.

Sabíamos que la llegada a los escaños de poder de Bildu -que era inevitable: no cometamos la simpleza de culpar a unos magistrados del Tribunal Constitucional iba a provocar muchas dificultades y desajustes; sería utópico pensar que, por el mero hecho de poseer bastones de alcalde, iban a convertirse en amantes del sistema. Pero la sociedad debe ensayar la firmeza cuando se traspasan las 'líneas rojas'. Que una cosa son las libertades -y Bildu tiene perfecto derecho, abominando de la violencia, a expresar unas ideas que obviamente no son las de la inmensa mayoría de los españoles; incluso, desde luego, tienen derecho a no sentirse españoles- y otra la violación de las normas de respeto institucional y de convivencia política.

Pronto han empezado los garitanos y los izaguirres de este mundo a ahondar en la brecha. Entiendo que el Estado -y hablo del Estado, no de un Gobierno que claramente se tambalea- ha de ser tolerante y flexible, pero a la vez firme e implacable en la exigencia del cumplimiento de la ley, que es el cumplimiento de la normalidad. Y pienso que ese regreso a la normalidad es ya inaplazable.

OTR Press

Francisco Muro de Iscar

El "sindicato del procés"

por Francisco Muro de Iscar

José Luis Gómez

El líder que no da llegado

por José Luis Gómez

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para analizar su navegación y ofrecerle un servicio más personalizado y publicidad acorde a sus intereses. Continuar navegando implica la aceptación de nuestra política de cookies -
Uso de cookies