Todo a punto para el 'euroajetreo'.

Actualizado 29/12/2009 13:00:50 CET

MADRID, 29 Dic. (OTR/PRESS) -

Dos docenas de ciudades españolas, al menos, serán escenario de los diversos encuentros temáticos o sectoriales anejos a la presidencia de la UE, que a nuestro país le toca desempeñar a partir de este 1 de enero. Cientos de funcionarios, coordinados por la Secretaría de Estado para Europa, que encabeza Diego López Garrido, se afanan aún estos días por tenerlo todo a punto: inmediatamente después de las campanadas de medianoche, las televisiones y muchos edificios públicos 'encenderán sus luces europeas'. Y un semestre apasionante habrá comenzado, a tenor del informe hecho público en su momento por el Gobierno. Mucho ajetreo, sí, pero no demasiado contenido; es, al menos, lo que dicen voces de la oposición.

El punto álgido estará situado en el mes de mayo, cuando las 'cumbres' más importantes tendrán lugar en distintas ciudades, especialmente Madrid. Este será el escenario del encuentro UE-Estados Unidos, al que está previsto que asista Barack Obama, que visitará así por primera vez España. Las dudas que aún persisten acerca de una posible no venida de Obama, patentemente menos interesado por Europa que por otros lugares del mundo, parecen haberse despejado: puede que en enero llegue finalmente a Madrid el nuevo embajador norteamericano, y lo primero que haría sería anunciar ese viaje del presidente estadounidense, un claro espaldarazo para Zapatero en estos tiempos en los que las encuestas muestran un descenso de su popularidad.

La diplomacia española concede también una especial importancia a la 'cumbre' UE-América Latina, también en mayo, a la que asistirán numerosos jefes de Estado latinoamericanos. Antes, a mediados de mayo, tendrá lugar la reunión bilateral UE-México, en Comillas (Cantabria), a la que asistirá el presidente Felipe Calderón y, posiblemente, también el presidente francés, Nicolás Sarkozy. Obviamente, la presencia de mandatarios europeos en España será relativamente frecuente a lo largo de un semestre en el que desfilarán más ministros europeos por nuestro país, a lo largo de las trescientas reuniones sectoriales previstas, que en ningún otro momento de nuestra historia como miembros de la UE.

Por otro lado, España presidirá un total de 2.600 reuniones en el extranjero, especialmente en Bruselas. Serán reuniones sectoriales, preparatorias de 'cumbres', etc. Un trabajo agotador para centenares de funcionarios, y muy especialmente para el citado López Garrido y para su jefe inmediato, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, que, a lo largo de sus seis años en el cargo, ha venido desarrollando una labor incesante, y que podría pasar, tras este semestre, otros destinos, según rumores que circulan por círculos diplomáticos españoles. El mismo dijo, medio en serio medio en broma, que le gustaría ser candidato a la alcaldía de la ciudad por cuya provincia es diputado, Córdoba.

Las prioridades oficiales de la cuarta presidencia española del Consejo de la UE son la lucha contra la crisis económica, el desarrollo de la Europa social y de los ciudadanos y la definición de Europa como "actor global en el escenario internacional", lo que supone ofrecer una mayor visibilidad de la acción exterior de la UE, el estudio de las ampliaciones de la UE a nuevos estados miembros y el impulso de la política europea de vecindad. Un programa que es calificado por la oposición como "muy ambiguo", pese a que socialistas y populares han llegado a un consenso para no entorpecer el desarrollo de la presidencia española.

Sin embargo, lo cierto es que la entrada en vigor de las previsiones del Tratado de Lisboa, con la designación de un presidente del Consejo y de una 'ministra de Exteriores', va a suponer algunas incertidumbres en la marcha de este semestre, el primero con las flamantes estructuras, a cuyo frente se ha colocado a unas personalidades, como el belga Herman Van Rompuy, de escasa proyección. Cómo vayan a ser las relaciones entre este y el 'presidente semestral' (es decir, Zapatero) es algo complicado de definir 'a priori', aunque algunos estudios, como uno del Instituto Elcano, hayan intentado avanzarlo.

El citado estudio del Instituto Elcano, cuyo autor es Ignacio Molina, señala que "Si se asume que las nuevas reglas de las que se dota la Unión -que tanto trabajo ha costado adoptar- suponen una mejora trascendental en su funcionamiento, parece lógico impulsar desde España la interpretación más generosa y ambiciosa posible desde el punto de vista europeo sobre el protagonismo del nuevo presidente permanente. No obstante, eso no significa que el jefe de gobierno del país que ejerza la Presidencia de turno del Consejo no deba también desarrollar funciones que aún son importantes en el engranaje institucional de la Unión, en consonancia con su propia alta dignidad política. Se defiende, en ese sentido, que se debe encontrar -pero no 'buscar'- el papel que corresponde a Rodríguez Zapatero durante la Presidencia española".

En todo caso, no falta quien prevea una convivencia difícil en este rodaje previsto por el Tratado de Lisboa, que entró en vigor tan recientemente como el pasado 1 de diciembre. El ministro Moratinos ya señaló que la española "no será una presidencia nacionalista, sino europeísta", que complemente y no compita con los nuevos cargos creados por el Tratado de Lisboa. Veremos a ver; en mi opinión, convendría, desde la simple ciudadanía y más allá de fastos y oropeles, encarar con entusiasmo esta presidencia, aunque esté algo devaluada por el Tratado de Lisboa. Para los españoles, Europa sigue siendo el principal destino económico, turístico y cultural. Y, de hecho, los españoles, dentro de los límites comprensibles que toda superestructura impone a los espíritus, seguimos estando entre los menos euroescépticos de la UE. Algo es algo: que ahora, se note.