Es urgente remodelar el Gobierno

Actualizado 24/02/2009 1:00:52 CET

MADRID, 24 Feb. (OTR/PRESS) -

Mariano Fernández Bermejo, acorralado por algunos de sus errores y por la presión de jueces y oposición, ha tenido que marcharse; no sé si ha dimitido o lo han cesado, o, más probable, una mezcla de ambas cosas. El caso es que ha abierto la espita a una más amplia remodelación ministerial. ¿La hará Zapatero? ¿Están Magdalena Alvarez o Miguel Sebastián menos quemados que Bermejo? Y, si lo están menos, ¿es solamente porque no se dan a las artes cinegéticas?

De Bermejo podemos afirmar que se ha equivocado mucho. Acaso porque ha hecho -cacerías al margen por favor; seamos serios_ muchas cosas. Se ha metido en la boca del lobo, en la cueva del león, en la madriguera del zorro -oh, Dios mío, todos símbolos de la caza--: ha osado plantear reformas de fondo en lo que se refiere a la Magistratura. Se ha ganado la enemiga hasta de Jueces para la Democracia, la asociación que era del gobierno socialista, y ya no. Me parece que Bermejo ha tenido que dejar el Ministerio no tanto por haber sido una escopeta nacional cuanto por su prodigalidad verbal, por sus desplantes toreros, por su chulería pinturera. Y por un espíritu reformista que no consensuó con quienes debía.

Mire usted cómo el sucesor, Caamaño, es precisamente lo contrario: alguien a quien le horrorizan los escenarios, las candilejas, el salir en la tele, el hacer una gracieta. Bermejo estaba ya en una situación límite. Como Pedro Solbes. Como Sebastián, como Magdalena Alvarez, como Bibiana Aído, como Cristina Garmendia, como el ministro de Cultura, cuyo nombre seguro que ni usted ni yo recordamos en estos momentos (se llama, por cierto, César Antonio Molina. Apúntelo, y que no se nos olvide).

Zapatero debería aprovechar la ocasión para hacer un equipo fuerte, representativo de amplios espectros, que responda a un organigrama realista, de ministerios que funcionen y que tengan cometidos -no es el caso en varios departamentos, como sin duda usted sabe bien--.

No hará nada de eso, me temo; aplazará esta oportunidad, con lo que otros varios integrantes del Consejo de Ministros pasarán de la unidad de quemados a la de abrasados. Y, encima, saldrá bien librado en las elecciones. Así son las cosas. País.