Ciudades al borde... ¿del caos?

Publicado 31/05/2017 8:00:29CET

MADRID, 31 May. (OTR/PRESS) -

Nunca es buen momento para paralizar una ciudad y hay manifestaciones y huelgas que deberían, por el interés público del servicio que se corta, tener una regulación muy específica y estricta. Lo dije en una televisión madrileña, precisamente cuando, este martes, la capital empezaba a quedarse paralizada por la protesta de los taxistas, una protesta que se ha extendido, en forma de paros, a numerosas ciudades españolas. Gustó poco mi comentario y recibí algunos exabruptos. Lo lamento, pero no podemos permitir que las ciudades se nos mueran por la contaminación, la asfixia del tráfico, la falta de servicios a los habitantes permanentes y a los turistas y la mala gestión municipal, que no es factor ajeno en muchos casos al caos que se organiza en esos espacios para la convivencia -y también para convertir en víctimas a los ciudadanos- que son las grandes urbes.

Vivimos una era de inestabilidad política 'urbanita', derivada sin duda de acciones de violencia, de muchos errores de quienes quieren representarnos... y de alteraciones laborales con escaso futuro. Quiero decir que sectores como la estiba, que tantos conflictos ha generado y aún, pese a todo, genera, o el que comentamos del taxi, o el de los coches de alquiler en general, van a experimentar tales cambios en el curso de pocos años que más valdría que sus responsables comenzasen a pensar menos en el presente y más en el futuro. Y conste que con ello no estoy condenando las legítimas reivindicaciones laborales. Simplemente, quiero decir que no puedo ponerme a favor de los taxistas y en contra de Uber, o viceversa, porque las cosas no van a ir necesariamente acerca de si los coches van pintados de una forma u otra, o si están regulados por las autoridades municipales o autonómicas. No; la cosa va a ir, dentro de muchos menos años de lo que pensamos, por el sendero de los vehículos sin conductor, lo cual va a propiciar una revolución social en tantos órdenes y aspectos que ahora resulta muy difícil evaluar todas las consecuencias.

No soy urbanista, aunque he trabajo un tiempo para el Ayuntamiento de la ciudad de Madrid, cuando tuve ocasión sobrada -luego la he tenido como paciente conductor o maltratado transeúnte- de comprobar los dislates y ocurrencias de toda laya de los munícipes, y no solo de estos. Porque si hemos tenido líos con la estiba no ha sido (solamente) por el egoísmo cortoplacista de los trabajadores del sector, como quieren hacernos creer. Y si se ha llegado a la gran manifestación de taxistas airados (aunque de buen talante, también hay que decirlo) y de aeropuertos incomunicados tampoco ha sido únicamente porque los conductores ven amenazados puestos de trabajo y su modo de vida: creo que, una vez más, ha faltado planificación y sentido de la gran ciudad como lugar donde se desarrolla la vida de los ciudadanos, su trabajo, su ocio. Y entiendo que combatir la contaminación no consiste solamente en prohibir el tráfico rodado, como hacer un Ayuntamiento saneado no se basa en multar a destajo llenando la ciudad de 'trampas' para el conductor.

Ahora que lo rural se queda limitado casi a vivienda secundaria, hay que reflexionar mucho sobre el futuro que les damos a nuestras ciudades. Y ese futuro pasa por estudios sin dictámenes apresurados, por comisiones mixtas del gobierno central y de los autonómicos y locales y por no convertir el centro de las ciudades en manifestódromos o en campos de deporte municipales. Ni en campos de batalla entre conductores que tendrán que reciclarse.

OTR Press

Francisco Muro de Iscar

No es Rajoy, es el Estado de Derecho

por Francisco Muro de Iscar

José Luis Gómez

La hora de Mariano Rajoy

por José Luis Gómez

Victoria Lafora

Hasta aquí hemos llegado

por Victoria Lafora

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para analizar su navegación y ofrecerle un servicio más personalizado y publicidad acorde a sus intereses. Continuar navegando implica la aceptación de nuestra política de cookies -
Uso de cookies