Deben estar baratas las encuestas

Publicado 03/04/2018 8:00:25CET

MADRID, 3 Abr. (OTR/PRESS) -

Empieza algo parecido a un nuevo período político, ya decididamente preelectoral, y llegan las encuestas. De nuevo. Más amenazantes aún para el 'bipartidismo', que antaño disfrutaba de una confortable hegemonía en el secarral político español. Ya sé, ya sé que la única encuesta válida son las urnas: desde que aprendí a hacer sondeos, desconfío más de lo que nos dicen. Pero marcan tendencia y resulta muy difícil discutir por dónde van las cosas cuando, con machacona insistencia, los investigadores demoscópicos nos repiten que Ciudadanos sube, hasta situarse firme en primer lugar, mientras que socialistas y populares bajan y Podemos quién sabe, sube o baja algo en un proceso decididamente decadente. Y aquí es donde entra en juego la frase con la que encabezo este comentario.

La frase la pronunciaba José Luis Abalos, que es el 'número dos' o quizá oficialmente el 'tres' del PSOE, que era, o técnicamente aún es, el segundo partido en importancia en el panorama nacional, aunque las encuestas ya lo releguen a la medalla de bronce. Tengo gran simpatía personal por Abalos, accesible, con un verbo muy peculiar, algo desgarrado, que funciona bien en las entrevistas radiofónicas, donde no siempre se muestra complaciente con el entrevistador. Pues bien, el que es secretario de Organización del partido que comanda ahora, no sin dificultades, Pedro Sánchez se ha mostrado patentemente molesto por el resultado que arrojan los últimos sondeos y se ha extrañado por la proliferación de estos estudios: "deben estar baratas las encuestas", ha dicho, despectivo.

Seguramente, si las previsiones demoscópicas hubiesen sido más halagüeñas para el PSOE, su número dos/tres (bueno la 'dos' es oficialmente Adriana Lastra, pero su peso político específico es inmensamente inferior al de Abalos) habría dicho cosas diferentes. O nada. Pero ya ven: el panorama político español está en transformación profunda, los partidos clásicos me parece que no saben torear la situación con suficiente arte. Sugerir que los periódicos publican encuestas porque "están baratas" y llenan de esta manera espacio sin demasiado coste es practicar la política del avestruz. Como Mariano Rajoy cuando asegura que todo va bien, o como algunos ministros que minimizan la crisis catalana señalando, como me dijo a mí un miembro del Gobierno, que "las panaderías siguen abriendo todos los días, así que no pasa nada".

Pues pasa. Vaya si pasa. Resulta que Albert Rivera se va convirtiendo, poco a poco, con causa o sin ella, en una especie de 'Macron a la española'. Es decir, un líder apenas sin respaldo de estructura organizativa de partido, que es carencia patente que Ciudadanos trata de resolver en parte a base de 'opas políticas' en zonas dominadas por el PP. ¿Por qué este 'riveramacronismo'? Seguramente porque, como Macron, el líder de Ciudadanos aprovecha los huecos que le dejan sus rivales políticos. Y también porque, como no han tenido ocasión de gobernar, los de la formación naranja están libres de escándalos. Y porque sus análisis sobre la coyuntura parecen menos interesados, algo menos miopes, que los de sus competidores. Y porque huelen a nuevos, mientras que a los demás les ocurre lo contrario.

Pero que no me digan que esta novedad se refleja en ideas auténticamente regeneracionistas. Rivera está aupado por las encuestas, pero, si bien se miran las tripas de los sondeos, se comprobará que aún no convence. Ciudadanos propone cambios convenientes, de acuerdo, pero aún demasiado tímidos para lo que se necesita. No ha entendido el fenómeno, contra el que no se puede luchar, de los nacionalismos, porque el nacionalismo es un estado de espíritu, no una doctrina política. Pero ahí está Rivera, como un desafío formidable para un PP que este fin de semana veremos si trae proyectos nuevos bajo al brazo y también para un PSOE que no acaba de ofrecer recetas creíbles para Cataluña --donde Pedro Sánchez e Iceta chocan en sus propuestas-- ni para otros grandes problemas que tiene planteados la sociedad española. Y eso, en el fondo, con mayor o seguramente menor precisión, es algo que reflejan las encuestas, incluso, señor Abalos, las baratas.