El hombre que quería ser Adolfo Suárez

Publicado 17/07/2018 8:02:57CET

MADRID, 17 Jul. (OTR/PRESS) -

Asisto a uno de esos desayunos políticos multitudinarios, en torno al candidato a la presidencia del Partido Popular Pablo Casado. Le presenta Adolfo Suárez Illana, el hijo del presidente del Gobierno que impulsó la democracia con el fin de la dictadura y el comienzo de la transición. No oculta Suárez Jr sus simpatías por Casado frente a su rival Soraya Sáenz de Santamaría, ni tampoco hace esfuerzo alguna para que no se le note que, si de él dependiese dar un espaldarazo a un heredero político de su padre, lo haría en favor del diputado por Avila, El clima entre los varios centenares de asistentes, entre los que se encuentran varios líderes de las candidaturas perdedoras en las primarias del PP, es inequívoco: son todos los que allí están contra SSdeS , que ha cometido el error de desdeñar una comparecencia como la que este lunes protagonizaba su oponente para lograr la presidencia del PP en el congreso extraordinario de este partido este próximo fin de semana.

Y Casado tampoco le hace ascos a la idea que flota en el ambiente: "es el nuevo Adolfo Suárez", me comenta un vecino de mesa, un ex dirigente del PP de larga trayectoria, en el acto de Nueva Economía. El palentino con escaño abulense cita muchas veces al mítico ex presidente, hace suyas algunas de sus más célebres frases, recuerda cómo cambió, en apenas once meses, la fisonomía del Estado. Pero ¿puede ser el nuevo Adolfo Suárez, tal y como está el panorama de la derecha en este país?

Algunas veces he dicho, y escrito, que no conocía a político alguno con tantas facultades, desde Suárez, como Casado. Su talante es magnífico, es simpático, trabajador y pienso que honrado. Pero, para ser Adolfo Suárez, hay que tener mucho valor, saber enfrentarse a lo que a tu juicio es inconveniente para España y no ceder parcelas de tu pensamiento en aras de los intereses electorales. A mi juicio, al discurso de Casado le faltaron ribetes tan reformistas que resultasen casi rupturistas, le faltó hablar de la lucha contra la corrupción y de la regeneración democrática de la vida política española. No quiso molestar a nadie y se quedó, en mi opinión, corto en ese decálogo/programa de Gobierno con el que, --como siempre ocurre en estos casos, hay que echar mano de un decálogo-- armó ideológicamente su candidatura en el mítin más importante de la agitada campaña que le ha llevado por toda España en busca de votos de militantes y, ahora, de compromisarios.

Ignoro quién ganará estas elecciones internas, tan emocionantes, tan competidas, tan... ¿cainitas? Creo, y también lo he dicho, que si alguien con las sin duda estupendas características de la señora Sáenz de Santamaría ganase esta confrontación, el PP acabaría rompiéndose, porque eso es algo que ha quedado bastante claro en esta campaña fratricida: ella, y sobre todo alguna de sus adláteres plenipotenciarias, ha concitado demasiados odios, y eso es algo que siempre se paga en política. El respaldo --¿demasiado evidente acaso?-- de Adolfo Suárez y el de los candidatos que se quedaron en el camino son bazas que, si no fuese porque la situación política está loca, loca, loca, harían pensar en una relativamente cómoda victoria de Casado, que se alzaría con el poder del partido cuantitativamente más importante de España. Pero SSdeS mantiene lazos, influencias. En su contra está la manera como se gobernó en tiempos de Rajoy en algunos aspectos, pero a su favor pesa una indudable honradez, una frescura en sus maneras y una experiencia de la que Casado carece.

Y, sobre todo, no basta con decir que quieres ser Adolfo Suárez: también Albert Rivera y el mismísimo Pedro Sánchez quisieran serlo, y hasta ahora no han podido. Porque el uno tira demasiado a la derecha ultranacionalista --y así, aquí, no se puede gobernar-- y el otro corre el riesgo de convertirse en rehén de la izquierda de su izquierda, y con Pablo Igesias 'casi' sentado en la mesa del Consejo de Ministros tampoco hay quien gobierne.

Claro que por Suárez tampoco dábamos una sola peseta de aquellos tiempos cuando nos dijeron que era él elegido en la terna que presentaron al Rey en julio de 1976. Pienso que el hombre que ahora quiere ser el nuevo Adolfo Suárez tendrá que tirarse con mayor vigor a la piscina de la regeneración, del progresismo democrático y despejar las dudas que aún quedan acerca de sus posibles tutelas procedentes del ya lejano Aznar o de los cantos de sirena de alguna formación situada a la derecha del PP. Por lo demás, me ratifico en aquellas apreciaciones de antaño: es uno de los políticos con más facultades --y para esas facultades no hace falta máster alguno-- que conozco.

 

OTR Press

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