Pedro Sánchez tiene una oportunidad

Publicado 05/07/2017 8:00:22CET

MADRID, 5 Jul. (OTR/PRESS) -

Dicen que está encantado. Que piensa que la venganza es plato que hay que tomar frío. Y, claro, con moderación, porque nada hay más indigesto que la venganza. Pero también dicen que no piensa variar sus planteamientos. Irá a ver a Rajoy este jueves, pero, en su fuero interno, siguen anidando el 'no, no y no', el 'hay que colocar a Rajoy en la oposición'. Actúa contra las encuestas, para lo que valgan, pensando que la corrupción, que está en los banquillos, acabará pasando una factura muy severa al actual inquilino de La Moncloa., y entonces... Entonces puede ser el momento que tanto tiempo lleva anhelando Pedro Sánchez. Pero eso, claro, será cuando sea, que ahora las cosas están como están. O sea: con Rajoy recibiendo a Sánchez en La Moncloa. Y me parece que Sánchez tendrá que ser consciente de que su oportunidad, como líder de la oposición, estará en un cambio de actitud. Hacer otra cosa: lo que ha ocurrido hasta ahora ya no sirve.

La verdad es que, pese a mi inveterado optimismo, no espero gran cosa de este encuentro del jueves. Una conversación que debería estar normalizada en el protocolo democrático de un país agobiado por problemas exteriores, económicos -sí, pese a los datos que nos traen las estadísticas- y, sobre todo, territoriales. Los desvaríos de Puigdemont, que está apoyado en un porcentaje notable de catalanes, afectan tanto a 'populares' como a socialistas (como a Podemitas, como a Ciudadanos...). Es preciso un frente unido, al menos para garantizar, con una estrategia y unas tácticas acordadas, resultados ante lo que desde la Generalitat se pretenden hechos consumados.

Me llaman ingenuo, pero, aunque no confíe en ello, pienso que de la 'cumbre', tan inusual, entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez ha de salir una brisa de ilusión ante un programa de actuación común, sin fisuras. El país no puede estar distraído con las desavenencias personales entre el jefe del Ejecutivo y quien ostenta ahora la jefatura de la oposición. Ya sé que es muy difícil que ocurra, pero me gustaría verlos a ambos salir juntos al atril monclovita y desgranar ese programa ante lo que Puigdemont y su entorno enloquecido plantean hacer ya desde septiembre, con el 1 de octubre como fecha 'emblemática' del desastre. Una oferta conjunta, respaldada por Ciudadanos, para actuar ofreciendo palo y zanahoria, sobre todo zanahoria, a ese porcentaje de catalanes disconformes 'con Madrid', pero que temen las consecuencias de una independencia rupturista con las leyes y con el sentido común.

Creo que Rajoy, por lo que me cuentan allegados -él no suelta nunca prenda, más allá de los alegatos a la legalidad--, es consciente de que necesita esa fuerza suplementaria que le aportarían los socialistas. Pero primero tendrá que contarnos, contarle al menos a Pedro Sánchez, cuál es su plan. Porque aquellos tiempos de desplantes, reuniones de diez minutos, enquistamiento en las propias posiciones, pasaron para siempre. Y hay que decírselo a ambos interlocutores, aunque, forzoso me es decirlo, más a uno, que quiere llegar a La Moncloa como sea, que a otro, que a veces parece cansado de estar en ella.

OTR Press

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