...Y sigue la horrible, pringosa, 'guerra de Madrid'

Publicado 11/04/2018 8:00:34CET

MADRID, 11 Abr. (OTR/PRESS) -

Alguna vez he dicho que las batallas políticas que se juegan en Madrid son las más sucias, cruentas y absurdas que nunca jamás se hayan contemplado. Y hablo desde el 'tamayazo', jamás aclarado, hasta el sellado de las puertas de la sede del PSOE para impedir que entrase Tomás Gómez, el secretario general al que Pedro Sánchez despidió con una patada en salva sea la parte. Pasando, claro, por los episodios de corrupción sin freno del Partido Popular, encarnado en Ignacio González, Francisco Granados y una larga pléyade de nombres que irán apareciendo con el tiempo, quizá con Esperanza Aguirre haciendo el papel de 'negligencia in vigilando' que correspondió a Rita Barberá. Ha habido cuchilladas en Podemos, con el corte de cabezas de gentes tan valiosas como José Manuel López, lucha sin cuartel en Izquierda Unida. Solo Ciudadanos, que sepamos, se ha salvado, hasta ahora, de esa quema, en parte quizá porque no ha tenido ocasión de desgastarse con el ejercicio del poder.

Ha habido cuchillos cachicuernos y puñales, guadañas, micrófonos ilegales, y munición de grueso calibre para deshacerse del enemigo, la mayor parte de las veces correligionario, que ya se sabe que son los peores adversarios. Lo que nunca habíamos tenido hasta ahora, como arma arrojadiza, eran másteres universitarios.

No creo que sea bueno poner patas arriba a la Comunidad de Madrid, tan próspera, por un par de masteres o masters de factura y valor dudosos, otorgados por una Universidad sobre la que ya se había hablado mucho, y casi nunca para bien. Que no digo yo que falten casos de corrupción sin cuento, de prácticas viciosas y perjudiciales para el administrado, en la actuación del PP gobernante en la Comunidad de los cenáculos, los mentideros y los palcos futbolísticos influyentes. Lo que sí digo es que la presidenta hasta ahora --y creo que no por mucho tiempo--, Cristina Cifuentes, había hecho bandera de la lucha contra la corrupción, y yo creo que ha sido la corrupción, que no el PSOE, quien ha pretendido derribarla. Y, de paso, derribar a quien se perfila o perfilaba como su posible sucesor ante las elecciones del año próximo, Pablo Casado, aquejado de la misma enfermedad 'masterosa'.

Lo que ha ocurrido es que la señora Cifuentes no ha cometido más que despropósitos a raíz del descubrimiento de que su master era casi una 'kake new', cosa que, por los demás, aún no ha sido plenamente demostrado. En realidad, la presidenta de la CAM no había podido resistir las insinuaciones envenenadas del ex Francisco Granados, y desde entonces todo corrió de mal en peor: ya estaba claro para muchos, antes de que estallase el 'mastergate', que no podría ser la candidata a repetir en el cargo. Ha quedado atrapada en las redes de las titulitis, tan comunes en este país en el que un 'master' no es más que pedazo de papel para colgar en la pared.

Cosa diferente es lo de Pablo Casado, que también cayó en la tentación de acumular, a sus muchos títulos académicos meritorios, el bastante irrelevante de la Rey Juan Carlos. Si se lo ponían fácil, por qué desdeñar el cuasi obsequio, que así se las ponían a Fernando VII, dicho sea sin afán de comparar. Pero Cifuentes era ya el pasado, y Casado es el futuro. Es un político prometedor, honrado, simpático e inteligente que representa una cara diferente de lo que ahora representa un PP algo avejentado y hosco. Qué casualidad que el presunto 'fuego amigo' (no creo que alguien como Ángel Gabilondo se ande con estas conspiraciones) se haya fijado ahora en quien bien podría, en un futuro no lejano, convertirse en uno de los candidatos no a presidir la Comunidad de Madrid o su Ayuntamiento, sino a sustituir al mismísimo Rajoy.

¿Puede un 'master' absurdo e insignificantes descabezar el poderío del PP nada menos que en Madrid? Puede. Pero creo que no debería ser así, al menos en un juego político honesto. Con la de tropelías que han hecho algunos 'populares' no solo en esta Comunidad, sino en otras varias de España, parece un tanto surrealista que sea un 'master' facilón el que haga caer a alguien tan dotado políticamente como Pablo Casado, precisamente en una región en la que las cosas iban razonablemente bien, pese a todo el agua que ha pasado bajo los puentes de la Puerta del Sol.

La lucha contra la corrupción no debería centrarse en quienes más luchan contra la corrupción. Y ya sé, ya, que prevalerse de ser 'importante' para que te den un trato más favorable en el ámbito académico es algo que está mal, por muy generalizado que este abuso político se encuentre. Pero creo, y ya sé que esto que digo causará polémica, que estamos, en el caso de Casado, hablando de un pecado no necesariamente venial, pero tampoco mortal. Otra cosa es, por hablar de otros casos, que a ello se añada la mentira, el falseamiento de datos y documentos, la compra de voluntades o el chantaje al subordinado. Lo que ocurre es que todo esto, que sospecho, es algo que no me consta aún. Lo que sí me consta es que nada de lo que está ocurriendo en Madrid --de lo de Cataluña, por ejemplo, ya ni hablamos-- está contribuyendo precisamente al prestigio de nuestra clase política. Y, si no, ya veremos lo que dicen los próximos sondeos.

 

OTR Press

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