¿Qué dirá la tapadera del cubo de la basura?.

Actualizado 15/07/2013 14:00:14 CET

MADRID, 15 Jul. (OTR/PRESS) -

Incluso los más acérrimos defensores de la integridad del presidente Rajoy y de la mayoría de su equipo -que no de todos ellos- confían patentemente en que esa tapadera del cubo de la basura llamada Luis Bárcenas se mantenga en su sitio, aunque sea de manera tan inestable como hasta ahora, y no se caiga por los suelos, echándolo todo a perder. Pienso que nunca un preso llamado a declarar por el juez, como ha hecho el magistrado Pablo Ruz con Bárcenas para este lunes, ha despertado tanta expectación y, me atrevo a decir, tantas aprensiones. Porque, aun no teniendo ya, parece, demasiados documentos que enseñar, el extesorero del PP ha demostrado -una vez más, ahora haciendo públicos sus mensajes telefónicos con Rajoy- que sabe cómo golpear donde más duele. ¿Sigue dispuesto a hacerlo?

Que Bárcenas conoce muchos manejos no sé si sucios, pero desde luego poco acordes con la ética que debe presidir la política, es algo que nadie duda. De ahí la expectación por su declaración ante Ruz, una declaración que pocos piensan que vaya a quedar embargada por el secreto, y menos ahora que el vindicativo Bárcenas ha encontrado un conveniente hueco en algunos medios, como subrayan maliciosamente algunos de los portavoces oficiosos del Partido Popular, cada vez más limitados a un agobiado Floriano, a una indignada Cospedal, a un equivocado Alfonso Alonso y a un guadianesco González Pons; los demás guardan silencio ante el tsunami que creen que viene.

Bárcenas es un delincuente. Presunto, eso sí. Y un hombre desesperado, que todo lo fiaba a que sus poderosos amigos en Génova, en La Moncloa y en los ministerios le echasen una mano para mantener tapado el cubo de la basura que él mismo acumulaba. No se ha dado el vergonzoso pacto, y eso es algo que hay que elogiarle a Rajoy, a Cospedal y a cuantos -que no han sido, ya digo, todos_ han mantenido la cabeza medianamente serena en esta noche de tormenta, aunque a punto han estado todos, y ahí están los famosos SMS, de claudicar frente al poco escrupuloso extesorero.

En las últimas semanas, desde el encarcelamiento de Bárcenas, todo ha sido un culebrón. Incluyendo la renuncia de los abogados, que habían sido pagados por el PP, y la presencia de un nuevo defensor para Bárcenas, nada menos que Javier Gómez de Liaño, con un extenso historial tras de sí. En el PP -habría que decir quizá en el PP de Génova: empieza a haber más de un PP- esperan poco del exmagistrado, ayudado en este trance por su esposa, la también mediática Dolores Márquez de Prado; demasiado protagonismo, dicen los 'genoveses'. No están seguros de que recomienden silencio a su cliente, ni de que quieran evitar la explosión incontrolada, como tampoco quieren hacerlo algunos periodistas en el entorno de esta pareja jurídica. Algunos de estos 'genoveses' ya no están siquiera seguros de en qué posición se halla el mismísimo ministro de Justicia*

Y el caso es que, para desesperación de La Moncloa, el 'caso Bárcenas', que puede convertirse en el 'caso PP', está haciendo palidecer tantos otros 'affaires', desde Urdangarín hasta el de los ERE en Andalucía, que esa es otra. Ni siquiera informaciones tan relevantes como la reforma eléctrica, o la laboral que viene, o la 'cumbre' de empresarios en Moncloa este lunes, o el importante viaje del Rey a Marruecos, merecen ya los titulares a los que, en circunstancias normales, se hubiesen hecho acreedores. Y apenas se presta atención a Luis de Guindos cuando nos dice que "la recesión quedó atrás". O cuando desde los socialistas de Cataluña aseguran que esta Comunidad "va hacia la independencia".

Nada parece importar ya, excepto que el gran mudo explique las cosas a satisfacción del personal. ¿Dirá algo Rajoy en la última sesión parlamentaria del Congreso, a celebrar, por cierto, en el Senado? ¿Acaso tras el último Consejo de Ministros, antes de las nunca tan deseadas vacaciones, el próximo 26? ¿O más bien sigue el presidente inmerso en su estrategia de dejar que los temas se pudran? Dicen que Mariano Rajoy está deshojando algunas margaritas. Y que no todo depende ya de si la tapadera del cubo de la basura cumple su función, la de cubrir esta basura, o vuela por los aires, dejando que la suciedad se extienda... ¿hasta dónde? Dejemos, pues, al presidente en sus meditaciones, pues nos va a todos mucho en su acierto.

OTR Press

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