La semana política que empieza.- Ya casi nadie habla del sustituto de Guindos

Publicado 05/03/2018 8:00:47CET

MADRID (OTR/PRESS)

Como cada día, me empapo temprano de lo que dicen los periódicos de papel y digitales: este domingo, prácticamente nadie le dedicaba la menor atención a la 'operación sustitución' de Luis de Guindos al frente del Ministerio de Economía. Rajoy se ocupó bastante de descafeinar las tradicionales 'quinielas' y de hacer que la gente de desinteresase de un paso político que desdeñaba una remodelación más amplia del elenco ministerial. Y, sin embargo, a mí me parece muy significativo precisamente este deseo de no mover ni una pieza más de lo imprescindible, de lo inevitable: es revelador del estado de ánimo del gobernante europeo que, Italia incluida, más problemas acumula en su mesa de trabajo, allá en la cada vez más lejana, inaccesible, Moncloa.

He hablado con numerosos dirigentes --altos y medios-- en el PP que piensan que la crisis gubernamental no debería limitarse al relevo de Guindos. Los ciudadanos, entre los que, claro, figuran las gentes del PP, creen que hace falta un proceso dinamizador, porque ahí están, creciendo, problemas como Cataluña, que no puede ir a peor --o sí...--, o los pensionistas, por poner dos ejemplos. Parece increíble que el partido más cohesionado de España, el más fiel a su líder, el que menos líos internos muestra, haya ofrecido la imagen de que daba la espalda a sus votantes de siempre, los mayores. Y también de que, siendo la formación que más sólidamente defendió la unidad de España, se haya dejado ganar en este terreno por el equipo, algo inexperto, de Albert Rivera.

Hoy, la impresión es la de que el Partido Popular y el Gobierno al que sustenta andan un poco como a la zaga de otras iniciativas. Que no saben muy bien qué hacer ante el caos en el que las distintas formaciones independentistas han metido al 'procés' catalán, ni ante el rigorismo legal de un juez que mantiene en prisión provisional, en el peor momento, a algunos de lo s líderes de este 'procés'. Pero que también actúa tarde cuando ya miles de jubilados se han manifestado ante el Congreso de los Diputados --donde asimismo parecen pensar en otras cosas: solamente tan tarde como el día 12 se ha convocado un pleno sobre la cuestión-- exigiendo pensiones más dignas, ahora que nos dicen que el país va tan bien.

Una persona a la que considero muy cercana al Gobierno de Rajoy, pero que parece estar perdiendo algo de fe en el carisma del presidente, me dice, con sonrisa forzada, que peor están en Italia, donde la alternativa es el 'títere que coloque Berlusconi o el títere que ha colocado el payaso Beppe Grillo': "en España, al menos, a Boadella nos lo tomamos como lo que es, un humorista". No estoy demasiado seguro de que lo de Tabarnia sea ya visto como algo chusco, un recurso al absurdo, porque más absurdo es aún el 'Gobierno en el exilio' que se plantea desde Waterloo y ya ven: hay quien se lo toma en serio.

Ni me encuentro del todo convencido de que el Ejecutivo de Rajoy, por mucho que pretenda permanecer en el poder hasta, al menos, 2020, sea mucho más sólido que la coalición que salga de las urnas italianas. Porque, volviendo a la idea que da el título a esta crónica, puede que el aferrarse siempre a lo mismo, incluyendo a los mismos ministros, sea más un síntoma de inestabilidad, de cerrar filas ante el acoso de fuera, que de fortaleza. Insisto: a este paso, Boadella for president y hasta le aclamaremos como una solución. Mejor que el caricato Berlusconi, al fin y al cabo, ya es.