Siete días trepidantes.- España, entre el palacio, el despacho vacío y ese chalet

Publicado 20/05/2018 8:00:51CET

MADRID, 20 May. (OTR/PRESS) -

El relato político de la semana en España tiene unas localizaciones geográficas más bien extrañas y desalentadoras: el palacio concurrido --y tan desierto-- de La Moncloa, donde Torra busca "diálogo sin condiciones" con un Rajoy como ausente; el despacho --vacío; dicen que 'en obras'-- de Puigdemont en la plaza de Sant Jaume* y, claro, ese chalet en Galapagar que ha acaparado, porque la cosa tiene morbo, los titulares de todos los medios en los últimos días. Podríamos añadir la prisión de Estremera a esta lista paisajística deprimente. O un aula poco poblada en algún recinto universitario madrileño perdido. Y en estos paisajes se nos ha ido, una semana clave más, la polémica. ¿Quién diría que el nuestro, tan festivo, es un país con problemas?

No: los problemas discurren, y vaya si discurren, por cauces subterráneos. El desgaste inmenso de nuestros partidos políticos, de nuestros sindicatos, de nuestras instituciones; todo lo que habría que cambiar, corregir, y nada se hace; los desafíos tremendos al funcionamiento del Estado, y no me refiero solamente a los desplantes algo chulescos de Quim Torra, a quien da cuerda, desde Berlín, el Fugado.

Así, esta pasada semana intuimos, tras el encuentro en Moncloa de Albert Rivera con Rajoy, un desacuerdo profundo entre ambos, en especial acerca de cómo tratar el problema catalán, con más, menos o nada de artículo 155: es un desacuerdo peligroso cuando desde algunas instancias se piensa --como sí hacen Rajoy, Sánchez y Rivera-- no en las próximas elecciones, sino en cómo desmantelar, con alguna ayuda externa que ni siquiera se denuncia, la nación.

Y es que han, quizá hemos, renunciado a pensar en el futuro para aferrarnos al presente. Quizá por ello hay como un acuerdo tácito para mantener, hasta que unas elecciones lo remedien, a Mariano Rajoy llevando --¿llevando?-- el timón del Estado, paradójicamente en medio del secarral. Rajoy es, al menos, como decía acertadamente el columnista José Antonio Zarzalejos, 'el statu quo' o, diría yo, el mal menor, Guatemala rodeado por Guatepeor.

Si Rajoy dejó en manos del brazo secular togado y con puñetas lo que debería haber sido encomendado a la política, parece que ahora las propias otras fuerzas políticas, desde el PSOE hasta Nueva Canarias, pasando por el PNV y Ciudadanos --de Podemos ni hablamos, por lo que luego digo--, han decidido abandonar en manos de Rajoy la resolución, o no, de las grandes cuitas que el Estado tiene. A ver cómo resuelve el presidente del Gobierno central la visitas de Torra a los presos, que, encima, algunos están en las quinielas de 'consellerables' para mayor lío, que es lo que desde la Generalitat se trata de sembrar: más lío en ese país llamado España. Y hala, que Rajoy se vaya desgastando. Que, si puede, lo resuelva. Como todo lo demás que está en 'stand by'.

Claro, todos saben que Rajoy, más allá de sacar adelante los Presupuestos para este año que ya está mediado, más allá de tratar de contener el follón interno que se atisba en el propio partido gobernante --y no es el lamentable asedio a Pablo Casado el único episodio alarmante--, va a hacer poco por la nueva España que se hace inevitable. Lo suyo no son los cambios precisamente. El PP está como en arenas movedizas, el PSOE solo mira con catalejo hacia La Moncloa, y me temo que Ciudadanos, que va a ensayar nuevas formas partidarias, más parecidas al movimiento de Macron, también anda en lo mismo, aunque con mayores hipótesis de éxito.

En cuanto a la cuarta fuerza constitucionalista en presencia, Podemos, ya hemos visto que Pablo Iglesias se ha ahogado, creo que de manera irreversible, en su nueva y de momento no estrenada piscina. El mundillo digital, con esos 'memes' que destrozan a cualquiera en el que hagan presa, está acabando con quien tanto utilizó las redes para crecer y para avivar su demagogia. Podemos es una idea necesaria, pero hay que refundarla. Y, mientras eso no se lleve a cabo, olvidemos a la formación morada a la hora de crear Estado.

Y entonces, con este panorama, llega Torra, el gran dinamitero, ofreciendo diálogo "sin condiciones ni término" a Rajoy. No sé si espera, o si tendrá, respuesta; algún día tendrán que encontrarse Rajoy y él, y no en terreno neutral, porque eso no procedería. Pero sí sé que el nuevo molt honorable presidente de la Generalitat, maaaadre mía, va a, utilizando el término coloquial, 'empreñar' no poco a todo el que pueda. Y que, por ahora, lamentablemente, los titulares 'políticos' se los está llevando él, que es como un macaco con una caja de bombas, y no el silente/ausente, ni los trepadores, ni los nadadores en charcas, que parece que andan, o chapotean, en otras cosas.