Gordó, Villar y otros que se creyeron impunes

Publicado 23/07/2017 8:00:27CET

MADRID, 22 Jul. (OTR/PRESS)

Nadie podía imaginar por qué el ¡aún! Presidente de la Real Federación Española de Futbol, Angel María Villar, sometido a largos años de rumores, no había sido formalmente investigado, imputado y detenido hasta ahora. Lo mismo ocurría con el hoy encarcelado ex presidente madrileño Ignacio González. O, tratemos este punto con el respeto debido, dadas las circunstancias, existió un período en el que determinados personajes de la gran vida económica, Miguel Blesa entre ellos, daban la impresión de moverse como peces en el agua, importándoles un bledo el clima creado en la opinión ciudadana. Y lo mismo podría decirse, sin ir más lejos, de algunos que, desde la Generalitat y su entorno, se permiten todavía desafiar la legalidad vigente, les parezca esta adecuada o no, y al Tribunal Constitucional, acierte o no, según ellos. Yo diría que Germá Gordó, que ha estado (presuntamente, perdón) en la pomada de la corrupción oficial catalana desde hace demasiado tiempo, era -era_ un ejemplo consumado de esta sensación generalizada de impunidad, refinada en los ejemplos del ex molt honorable Jordi Pujol y su familia. Ahora, todo eso acabó.

La irrupción de varios guardias civiles y de un representante de la Fiscalía Anticorrupción en la Generalitat y el Parlament, en busca de datos relacionados con Gordó y su famoso ordenador, ha servido para aclarar muchas cosas; una de ellas, que el clima de desafío a las normas más elementales de supervivencia de un Estado ha concluido. Y, por si no se había entendido bien, el Gobierno central ha decidido supervisar semanalmente las cuentas oficiales catalanas, no vaya a ser que se 'desvíe' un solo euro en favor del 'procés' independentista ilegal.

La cosa, o también la sentencia contra el canon digital catalán, porque la pela es la pela, ha sentado a las autoridades de la Generalitat peor que la 'persecución' a Gordó, a quien, de todas maneras, la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, ha lanzado un aviso en el sentido de que debe ir pensando en abandonar su escaño de diputado: nadie duda de que, en sus pesquisas, la policía judicial va a encontrar abundante material para actuar contra un hombre que ha logrado escapar, hasta ahora, a todos los escándalos, desde el 'caso Palau' hasta el tres por ciento. Pero, ya digo: me da la impresión de que todo eso acabó. Y, si no, considere usted esa resolución del Tribunal de Cuentas, que pretende hacer pagar a Artur Mas y otros dos de sus 'consellers' los cinco millones de euros que costó aquella consulta efímera, y contraria a la legalidad, del 9 de noviembre de 2014.

Obviamente, van a pasar muchas cosas y seguramente no pagarán esos cinco millones, claro. Pero no se puede negar que existen muy notables diferencias ambientales entre la inauguración de los Juegos Olímpicos en Barcelona, 25 de julio de 1992, de la que ahora se van a conmemorar los veinticinco años con presencia del hijo del Rey que inauguró aquella Olimpiada, y el clima previo al 1 de octubre de 2017. Un clima absolutamente envenenado, con encuestas que valen para todo, con mentiras, amenazas, victimismos y consumada e irreparable falta de diálogo.

Hacer cumplir la legalidad y acabar con la sensación de que algunos son impunes es, sin duda, algo positivo. Un Estado no puede sobrevivir con la sensación generalizada de que las leyes están para que las cumplan unos y se las pasen por el forro otros, sean presidentes de grandes empresas, personajes del sacrosanto futbol, 'ciudadanos Kane' o molt honorables de la Generalitat. Sé que algunas de las decisiones del Gobierno de Rajoy en este sentido, incluyendo ciertos desplantes toreros de su atacado ministro de Hacienda, son objeto de críticas y de incomprensiones, comenzando por el PSOE 'de Ferraz'; Rajoy ha decidido usar el palo, ahora le falta inventar alguna clase de zanahoria y dejarse de afirmaciones como que dialogar es ya imposible (antes del choque de trenes de octubre, se sobreentiende). ¿Sabrá hacerlo?

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