Adiós Toxo, hola Sordo

Publicado 03/07/2017 8:00:11CET

Comisiones ya ha hecho efectivo el relevo en su secretaría general. Algo más que un relevo, porque supone la desaparición de los clásicos. Aunque Toxo "sólo" llevaba nueve años al frente del sindicato, estaba en la pomada desde hace treinta y, desaparecido, para bien, Cándido Méndez en UGT, de la vieja guardia sólo quedaba él. Toxo llegó al poder descabalgando a José María Fidalgo y ha tenido que afrontar una grave crisis económica, corrupción en el sindicato, la desafección social, la fuerte caída del número de afilados y un debilitamiento general de los sindicatos y de su influencia, por su propia carencia de ideas y porque no han afrontado su modernización. Como le sucede a la izquierda, los sindicatos, que beben de la misma fuente, no han sabido acomodarse a la nueva situación. Ha cambiado el país pero no han cambiado ellos, como no han cambiado los partidos de izquierda, salvo la irrupción oportunista de Podemos, que ha rentabilizado el descontento de millones de ciudadanos y la fragilidad de sus compañeros de viaje.

Sin embargo, Toxo ha hecho una buena labor en Comisiones Obreras y ha sabido cambiar el viejo lenguaje sindical. Ha sido capaz de restablecer el diálogo con la patronal y con el Gobierno -aunque con escasos resultados reales- y ha tenido que dedicarse más hacia el interior que hacia el exterior. Se despide diciendo que el sindicato está vacunado contra la corrupción, que el objetivo inmediato debe ser aumentar la afiliación -al menos recuperar lo perdido y, sobre todo, acercarse a sectores no "obreros" olvidados por los sindicatos y que son el futuro- y acercarse a los problemas reales de la nueva clase trabajadora y de la sociedad en su conjunto. Yo creo que los sindicatos deberían fijar su objetivo en tres grandes bloques: los millones de trabajadores que tienen un trabajo precario, los que no tienen trabajo y los jóvenes que aspiran a encontrarlo. Estos dos últimos sectores han sido olvidados casi absolutamente por los sindicatos. Pero Toxo ha pronosticado algo que debería hacernos pensar a todos. Asegura que "se está incubando una nueva crisis de empleo". Tal vez sea más un cambio radical que una crisis, pero si se produce sería un tsunami en la situación social y política de España. O se afronta o peligrará la propia democracia.

A Toxo le sucede Unai Sordo, que tiene más retos que certezas, más deseos que soluciones. Un pacto por el empleo, un pacto salarial, diálogo y negociación real a tres bandas con el Gobierno y la patronal, un modelo laboral acordado pero realista y una atención prioritaria a los problemas de los jóvenes, son algunos de los retos a los que se enfrenta. Luego está la precarización del trabajo y el futuro que viene, la robotización. La mayor parte de los empleos y de las profesiones que ocuparán los jóvenes actuales dentro de veinte o treinta años no existen hoy. O estudiamos el futuro, cambiamos los viejos clichés o, como dice Unai Sordo, si la gente joven no se organiza, "lo va a pasar mal". Pero también lo pasarán mal los sindicatos. Sólo el debate, el diálogo permanente y sincero y los acuerdos pueden sacarnos de la crisis y permitirnos afrontar un futuro. Hay que enterrar el viejo sindicalismo y cambiarlo por uno fuerte pero radicalmente diferente. Hay que esperar que Sordo sea capaz de administrar la herencia que construyeron Fidalgo y Toxo, con mayor acierto que lo hizo, por ejemplo, la UGT.

OTR Press

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