El cambio es el pacto

Publicado 09/06/2016 8:00:14CET

MADRID, 9 Jun. (OTR/PRESS) -

Los políticos siguen sin entender la lección de las urnas y sin escuchar a los ciudadanos. En esta campaña, que no ha terminado desde hace años aunque aún no haya empezado formalmente, unos y otros siguen en la idea de que no haya pactos sino sumisiones. Especialmente en las izquierdas, porque ahora ya no hay una sino varias. Pablo Iglesias distingue entre la socialdemocracia "viejuna", la del PSOE, y "la nueva", que evidentemente es la suya. No importa que sus raíces y su estrategia estén ancladas en un caduco marxismo-leninismo o que se hayan merendado a un partido que se considera cien por cien comunista. Es decir, socialdemócratas de toda la vida... Ahora quieren acabar con el PSOE.

Es normal que se defienda el PSOE contra Pablo Iglesias, que les ofrece, generoso, algún puesto en su futuro gobierno, o que digan que ellos salen a ganar. Lamentablemente los datos indican que no sólo peligra su segundo puesto sino que en algunas ciudades clave no van a ser ni segundos, terceros... ni tal vez cuartos. El PP dice que quiere pactos, pero no hace nada por poner alfombras para facilitarlos y Ciudadanos tiene un lío mental profundo porque no sabe si va a pagar, precisamente, el haber intentado el pacto, aunque, seguramente, con la fuerza equivocada. Unos hablan de que los ciudadanos han votado por el cambio o por gobiernos de progreso, pero posiblemente el voto indicaba otra cosa.

Ninguno de los cuatro partidos, tal vez con la excepción de Ciudadanos, quiere pactar. Quieren imponer al otro sus principios y seguir como si no hubiera pasado nada. Pero, como hace algún tiempo decía Victoria Camps, una de las escasas voces lúcidas y reflexivas de este tiempo, el cambio que han votado los ciudadanos es precisamente el pacto: exigir el pacto, obligar al pacto. Y no necesariamente un pacto entre iguales o parecido o un pacto frentista de unos contra otros. Ni, tampoco, un pacto de máximos sino un acuerdo de mínimos para procurar un Gobierno estable capaz de ahormar acuerdos en temas fundamentales para los ciudadanos y de aprobar un programa de reformas básicas, unos presupuestos y una estrategia para avanzar. Porque si no avanzamos- como sucede desde hace seis meses-, retrocedemos. Y una vez conseguida la modernización del país, volver a la batalla política partidista.

Decía Victoria Camps que "hay que determinar qué es más urgente, no que es más espectacular". Nadie le hace caso. Se enredan en promesas imposibles o irreales. Siguen buscando los cargos, el poder a costa de lo que sea. Los de la "nueva" política se han convertido en casta en un suspiro y los de la "vieja" siguen donde estaban, sin enterarse. Aquellos cambian cada día sus principios, a lo Groucho Marx -"si no le gustan mis principios, tengo otros"- porque lo que quieren es acceder al poder al precio que sea, incluso con corbata. Y los otros tratan de difuminar lo mucho que han hecho mal, en lugar de pedir perdón, renovarse y abordar un cambio profundo. Lo dicho: no han entendido que lo importante es el pacto por el bien general. Siguen absortos en sus intereses partidistas.

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