El (des)prestigio de la Universidad

Publicado 12/04/2018 8:00:16CET

MADRID, 12 Abr. (OTR/PRESS) -

En España hay excelentes profesores de Universidad, muchos, algunas Facultades que no desmerecen de las mejores de Europa y alguna Universidad pública digna de elogio, aunque no figure nunca entre las 200 primeras de casi ningún ranking. Las públicas más que las privadas, también con excepciones. Pero la valoración global del mundo universitario no pasaría una auditoría mínimamente rigurosa y más del 60 por ciento no podría estar, no está, entre las 800 primeras Universidades del mundo. El escándalo de los másteres de Cristina Cifuentes y de Pablo Casado simplemente están llevando a la superficie el iceberg que esconde la Universidad, una buena parte de la Universidad española. Y no es culpa del PP -que alguna tiene al menos en la Comunidad de Madrid- sino de la propia Universidad y de sus responsables académicos y políticos.

La Universidad lleva décadas viviendo de espaldas a la sociedad. Ha perdido su prestigio; no forma profesionales de calidad; elude mirar al mundo laboral, que es lo que se van a encontrar los graduados en breve; tiene centenares de grados y de titulaciones que no cursan más de 10 alumnos; multiplica el número de máster, muchos de ellos repetitivos de lo que enseñaron en el grado -no hay más que ver las convalidaciones de 18 asignaturas sobre un total de 22- e, incluso, los da sin que se cursen, porque lo que se busca es alargar la estancia de los alumnos, pagar algo más a los profesores y multiplicar los ingresos de la institución. Sigue viviendo encerrada en sí misma, sin atender a los problemas sociales, sin especializarse, sin buscar líneas de investigación con las empresas de su entorno, bajando los niveles de exigencia cada año y manteniendo el falso mensaje de que una carrera universitaria garantiza un futuro mejor. Financiada en un 80 por ciento por los impuestos de todos los españoles. Y, sobre todo, con una endogamia enfermiza, sin autocrítica y con graves deficiencias de gestión y de transparencia como se está poniendo de manifiesto. Y de espaldas también al cambio tecnológico.

Todo esto lo saben en la Universidad, en el Ministerio y en las Consejerías de Educación, lo saben los partidos políticos y lo sabe todo el mundo. Se han creado Universidades y centros universitarios que eran absolutamente innecesarios, con un aluvión de profesores que no tenían el nivel para acceder a las cátedras. Y se cuenta con otro ejército de profesores lamentablemente pagados, que solo esperan que el jefe les coloque mejor en su respectivo Departamento. Pero se mantiene el sistema sin que nadie se atreva a hacer cambios. Cambios que deberían provenir de la propia Universidad. Han conseguido que la influencia universitaria, intelectual, en la sociedad sea mínima y que las empresas apenas cuenten con la Universidad. Duele ver lo que está pasando, pero no merece la pena escandalizarse con lo de los másteres falsos. Es la Universidad la que no debería permitir ni un minuto más su propio desprestigio. Desde dentro y con rigor universitario.

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