Doctores, maestros y jueces

 

Doctores, maestros y jueces

Actualizado 14/11/2007 1:00:34 CET

MADRID, 14 Nov. (OTR/PRESS) -

Cuando alguien pierde la autoridad moral, que es algo así como el reconocimiento de una mayor talla, sólo se puede imponer por la fuerza o la coacción, aunque, a veces, simplemente pasa a ser un funcionario acobardado. Estoy pensando en los maestros, en los médicos, en los jueces... Hasta hace relativamente poco, el maestro era alguien que sabía y enseñaba a los que ignoraban casi todo; el doctor, el que manejaba la vida de las personas, que se ponían ciegamente en sus manos; y el señor juez, el que dictaba sentencias casi inapelables.

Viene esta introducción a cuento de que la Comisión de Educación y Ciencia del Senado ha aprobado hace unos días una moción del PNV respaldada por todos los grupos parlamentarios -no se sorprendan, no es un error- en la que la Cámara insta al Gobierno a regular el uso del término doctor con el fin de dignificar a este colectivo y evitar el intrusismo profesional. El senador Maqueda aseguró que "no es lo mismo estudiar una licenciatura que obtener el grado de doctor" y que no se debe permitir que la expresión se utilice de forma indiscriminada, puesto que da lugar a equívocos o confusiones sobre el nivel de formación de cada cual.

Nada que alegar a la preocupación de los senadores, salvo que mejor harían en proponer medidas para que los médicos, que son doctores, aunque sólo hayan hecho la licenciatura -en muchos casos seguida de otros cuatro años de MIR- no tengan que hacer, por miedo, una medicina defensiva, no tengan que padecer agresiones, insultos y faltas de respeto ni que emigrar porque aquí les pagan peor que en otros países vecinos. Otro tanto podríamos decir de los maestros, para los que tampoco hay que recuperar un viejo nombre sino un respeto básico, un apoyo social y una dignificación profesional e, incluso, salarial. Lo de cambiar los nombres no está mal de vez en cuando, aunque pasar de porteros a "empleados de fincas urbanas" es un avance, pero sólo de fachada.

A la medicina, al magisterio y a la judicatura deberían ir los mejores, como, en el último caso, ha propuesto el ministro de Justicia, Fernández Bermejo. Pero alguien debería explicar antes si es verdad lo que dice el fiscal de la Audiencia Nacional, Fernando Burgos (Gaceta de los Negocios, 11-11-2007) de que a los aspirantes a jueces "no les enseñan a argumentar una sentencia". O lo que añade Juan Antonio Rico, secretario judicial de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, de que en el acceso a la Judicatura "todos los años baja la calidad y hay que aprobar a mucha gente que no lo merece. Se han aprobado exámenes tipo test, asegura, con sólo 44 aciertos sobre 100 preguntas. Y eso no puede ser". Si los jueces que aprueban sólo se saben cuatro de cada diez preguntas y hay que seguir bajando el nivel cada año, no es que la Justicia esté mal, es que puede ponerse peor.

Francisco Muro de Iscar.

francisco.muro@planalfa.es

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