La hemorragia legislativa

Actualizado 15/05/2013 14:00:32 CET

MADRID, 15 May. (OTR/PRESS) -

No es fácil gobernar un país ni defenderlo ante el exterior ni explicar lo que nos pasa si las leyes son tantas y están tan mal hechas que no ayudan a la seguridad jurídica, las estadísticas son incorrectas y por tanto no sabemos de qué estamos hablando, somos incapaces de llegar a acuerdos, todos queremos gastar más de lo que tenemos y nadie nos adelanta lo que necesitamos salvo que paguemos un interés imposible. Lo dijo en Los Desayunos de Europa Press el presidente de la patronal CEOE, que también se mostró en contra del contrato único y que apostó por reducir el déficit y concluir las reformas si queremos salir algún día de esta crisis.

Pese a todo, Joan Rosell es optimista, tal vez porque los emprendedores no pueden permitirse el lujo de pensar que no hay salida. Pero algunas de las cosas que expuso deben hacernos reflexionar. Ofreció un dato revelador: en España existen 39.000 normas -leyes, decretos, reglamentos- a nivel nacional y ¡161.000! a nivel autonómico, éstas últimas producidas en poco más de treinta años, desde la transición. ¿Necesitamos tantas leyes? Una hemorragia legislativa de tal calibre -3.000 normas estatales al año y 10.000 autonómicas- no sólo hace imposible que cualquier abogado sea capaz de procesar ese disparate sino que cualquiera que quiera instalarse en España se lo piense dos veces por la inseguridad jurídica que produce tal fenómeno "paranormal".

Leyes, como la de las tasas, que se modifican tres meses después de promulgarse y otras que lo hacen cuatro y cinco veces en poco tiempo. O impuestos, como el del IRPF que, según Rosell, ha tenido 55 modificaciones en un año. Por eso el presidente de la CEOE, cuando le preguntaron si era partidario de hacer cambios en la reforma laboral aprobada hace poco por el Gobierno, dijo que no es partidario de endurecer las leyes, sólo de cumplirlas. Y que los cambios legislativos, esos que hace cada día este Gobierno y el anterior y el otro no son inocentes, provocan cambios que tienen consecuencias muchas veces nefastas.

Y todo eso si no hablamos de anuncios de cambios legislativos que luego se quedan en nada o se hacen al contrario de lo prometido. Todo menos un poquito de coherencia. La ley del aborto que ahora resulta que no ha tratado el Gobierno cuando Gallardón había explicado hasta la última coma de los cambios. O la reforma del Consejo General del Poder Judicial, también Gallardón, que es lo contrario de lo que llevaba el PP en su programa. O la Ley de Servicios Profesionales, con borradores de padre desconocido. O la reforma de los Registros públicos para que mil registradores hagan bien lo que no pueden hacer 8.000 funcionarios. O poner a los notarios a casar y a descasar y a los procuradores a ejecutar, cobrando, las sentencias que los juzgados sin incapaces de hacer gratis. O leyes de dos Ministerios que se contradicen sobre un mismo asunto. Podemos seguir.

OTR Press

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