Este Pablo, éste.

Publicado 23/11/2015 12:00:03CET

MADRID, 23 Nov. (OTR/PRESS) -

¿En qué se parece este Pablo Iglesias, el de noviembre de 2015, vísperas de la campaña electoral más importante e incierta de las últimas décadas, con el que arrancó la aventura de Podemos hace casi dos años? Hay diferencias suficientes como para pensar que ha cambiado el programa o ha cambiado el discurso. Es posible que eso no se sepa de momento pero, en los últimos días, Pablo Iglesias ha estado, y lo ha dicho satisfecho y orgulloso, en el Casino de Madrid en el Foro ABC y en el Hotel Ritz en el Forum Europa. Y prepara presencia en el programa de María Teresa Campos, que hace un año, posiblemente nunca hubiera estado en su agenda. Por lo mismo, Pedro Sánchez y Rajoy acabarán tumbados en el diván con Bertín Osborne. La política hace extraños compañeros de viaje. O de cama.

Además, ha pasado de defender el régimen bolivariano, exigir abrir el candado de la Constitución del 78 para entrar en un nuevo proceso constituyente y minusvalorar la transición, a manifestarse conforme con una reforma pactada de la Constitución y a señalar los logros de aquel tiempo que nos llevó a la democracia.

Ha pasado de demonizar a Rajoy a hablar de él con respeto. Y, aunque se muestra encantado de ser llamado a Moncloa, quiere formar parte del núcleo duro que aborde las reformas, "de igual a igual". Y también dice que se entiende con la CEOE, aunque discrepen en planteamientos concretos. Aunque sigue hablando de referendos para decidir determinadas cosas, Iglesias no está ya en ese movimiento asambleario que era inicial y esencialmente Podemos, y no habla de los abandonos que ha sufrido el partido en determinadas comunidades autónomas ni de las deserciones de algunos "fichajes estrella" ni de esas listas hechas "desde y por" Madrid para colocar a algunos candidatos que es lo que hacen todos los demás partidos, carentes de democracia interna casi como Podemos. Al final las listas son lo que hace que nadie se mueva porque, como decía Guerra, el que se mueve no sale en la foto.

La batalla no se va a dar en las calles sino en las televisiones y los foros públicos. Las encuestas son tan volátiles entre tres-cuatro partidos que cualquier escándalo les puede llevar a la derrota y cualquier eslogan a la victoria. Iglesias lo sabe. Cuando le preguntaron la razón del cambio, dijo que si alguien aspira a ser presidente de su país, tiene que moderar su lenguaje y mostrarse de otra manera. En ello está. Se ha dado cuenta de que la guerra se gana en el centro y no en los extremos y que si quiere llegar a ser decisivo, tiene que dar esa batalla. Por eso, dice que su enemigo no es Rajoy sino Pedro Sánchez -"si los socialistas quieren que sus ideas se realicen, que me voten a mí, porque si Sánchez queda por delante pactará con Ciudadanos o con el PP", amenaza- y por eso ha cambiado el discurso y la estrategia. La política tiene eso. En tiempos de elecciones, los chamanes se convierten en hombres de Estado. ¿Cuál es el verdadero Pablo Iglesias y qué hará si tienen posibilidades de gobernar? Esa es la incógnita. O no.

OTR Press

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