Pequeñas victorias, grandes derrotas

 

Pequeñas victorias, grandes derrotas

Actualizado 22/10/2007 2:00:27 CET

MADRID, 22 Oct. (OTR/PRESS) -

¿Gobernar para competir o, simplemente competir por gobernar? ¿Convencer al rival o derrotar al enemigo hasta acabar con él? ¿Marketing o programas? Desgraciadamente, los últimos tiempos de la política española tienen más de lo primero que de lo segundo. No es una cosa de la etapa ZP, ahora sólo Z, sino de antes, pero crece cada día y se multiplica. El cortoplacismo, tiene razón Aznar, se impone sobre todo lo demás y eso, en lugar de solucionar los problemas, los aumenta.

Es posible que el Tribunal Constitucional apruebe o rechace el Estatuto de Cataluña y eso sea una victoria, pequeña, para uno o para otro, pero si, como está sucediendo, el TC queda en manos de los partidos y herido en su credibilidad, será una gravísima derrota para todos. El Consejo del Poder Judicial, sucursal del Parlamento, e inútil por tanto, podrá seguir sin renovarse por los siglos de los siglos, pero eso es malo para la calidad de la democracia española. El PSOE logró su victoria con una estrategia de marketing cuyo mejor símbolo era ZP y ahora la basa en una enorme Z. Aznar pasó de ser un hombre de equipos a ser un pequeño dios que se codeaba con otros pequeños dioses y que se creía que tenía un papel en la historia. La Ley de la Memoria Histórica arreglará algunos casos de justicia que podían haberse solucionado con normalidad, pero ha sido hecha como una revancha y una manera de borrar la historia. Y aunque hoy se consiga eliminar estatuas, rótulos de calles, placas -unas, no todas-, algún día esa pequeña victoria será una gran derrota porque la historia se asume, no se borra.

Esas pequeñas victorias acaban, siempre en grandes derrotas. El presidencialismo, la desmedida ambición, ese protagonismo del líder, la desamortización de la sociedad civil, el desmedido afán de los políticos por apropiarse todas las instancias sociales y todas las instituciones públicas están gastados, pasados de moda, son antiguos. Y perversos. En pleno siglo XXI, los ciudadanos, que no súbditos, merecen otro comportamiento de sus líderes. Otras políticas, otras responsabilidades. Los ciudadanos no merecemos que políticas que buscan el interés personal o partidista pongan en riesgo un sistema construido con el esfuerzo, las renuncias y el trabajo de tantos. Alguien ha calificado de obsceno el comportamiento de algunos políticos en estos temas. Me sumo.

Francisco Muro de Iscar

OTR Press

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