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Francisco Muro de Iscar

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Publicado 10/11/2016 8:00:26CET

MADRID, 10 Nov. (OTR/PRESS) - ¿A dónde va América con Donald Trump? La noche electoral ha sido una de las más tristes de las últimas décadas, salvo para los partidarios del nuevo presidente. El populismo agresivo y provocador de Trump ha sacado a la superficie todos los miedos y la inseguridad de millones de ciudadanos de la América profunda, también de las clases medias maltratadas por la actual situación, que ha optado por mirar hacia adentro en lugar de mirar hacia fuera, por ocuparse de ellos mismos y dejar de ser el ser el gendarme del mundo, el garante de las libertades. Una sociedad partida en dos, fracturada y herida para mucho tiempo que prefiere volver a los orígenes y abandonar la idea del imperio. Los americanos han decidido que el mundo empiece y acabe en Estados Unidos. La victoria del populismo puede acabar con los cambios sociales que inició Obama y va a afectar a todos los países del mundo, a todas las economías y a la globalización.

Con la victoria de Trump -la voluntad de los americanos- se pone en peligro la dignidad y los derechos de las personas. No son sólo sus insultos, sus malos modos, su desprecio a las minorías, sus amenazas. Hasta ahora sólo eran palabras. Dentro de poco serán decisiones legislativas, salvo que el propio Partido Republicano le frene. Las mujeres -se retrasa también que una mujer acceda a la presidencia, aunque llegará antes que tarde- van a perder 'parte del papel que se estaban ganando. Los latinos pagarán su apoyo a Hillary Clinton, cuando empiezan a ser uno de los grupos más relevantes de Estados Unidos. Los extranjeros serán "marcados" y, en muchos casos, expulsados, deportados, del país que han elegido para crecer. Se vetará a otros en razón de sus creencias o de su raza, en el país que quiso ser el adalid de las libertades. Los populismos, sean del signo que sean -Trump en Estados Unidos, Podemos en España, Le Pen en Francia, etc.- son un peligro para la convivencia y para el progreso. Cuando dejan el poder, lastrados por sus errores, sólo dejan situaciones difícilmente reversibles. Es curioso que el populismo nacional quiera quitar la etiqueta a Trump y llamarle "fascista" en lugar de lo que es, un populista que se aprovecha de los errores de las élites y del descontento social. En la confusión siempre ganan los mismos.

La llegada de Trump a la presidencia de la nación más importante del mundo va a cambiar también le geopolítica mundial y la economía mundial, sobre todo si introduce barreras al comercio mundial, aunque hay que esperar que no le dejen. Es una victoria para Rusia y para China que tratarán de recuperar poder en el mundo. Pero debería ser también la hora de que Europa gestione su propio destino. Una Europa fuertemente unida y jugando su propio papel en la escena internacional puede aprovechar el desconcierto que traerá Trump. Una Europa desunida puede ser el final de la Unión, el renacimiento de los nacionalismos y el auge de los populismos. Y esa sería la peor de las noticias para España y Europa.

OTR Press

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