El vaciamiento de la democracia

 

El vaciamiento de la democracia

Publicado 27/02/2017 8:00:13CET

MADRID, (OTR/PRESS) "El desempleo es real, la violencia es real, la corrupción es real...", pero lo más preocupante es que "el vaciamiento de la democracia es real. La gangrena de un sistema no se puede maquillare eternamente porque tarde o temprano el hedor se siente". No lo ha dicho Donald Trump ni alguno de los populistas españoles o europeos que estos días siembran la alarma en la Europa de los Derechos y de las Libertades. Lo dijo hace unos días el Papa Francisco. El cóctel del terrorismo, del aumento de la desigualdad, del poder absoluto del dinero y la falta de liderazgos éticos está produciendo un vaciamiento de la democracia tal como la entendemos. Y eso está provocando el auge de movimientos ultranacionalistas y populistas que prometen soluciones sencillas a problemas complejos, pero que no encuentran respuesta adecuada en las instituciones democráticas. Se están sembrando dudas sobre la posibilidad de que la democracia sea capaz de auto regenerarse y esas dudas están calando en una buena parte de la sociedad, en esa que forman los que más sufren la desigualdad.

Sucede en toda Europa y en Estados Unidos, también en España. Hay dos procesos en marcha para acabar con esta democracia. Desde luego, el de los populismos de última hora de corte marxista-leninista, que tratan de volver a la más terrible política que ha sufrido la humanidad, pero también el de la propia clase política. Unos por mantener el poder al precio que sea y por tapar su corrupción y su desprecio a la ley a la que deben representar y defender más que nadie por obligación legal. La rueda de prensa de Francesc Homs en vísperas de su juicio por desobediencia al Tribunal Constitucional es buena muestra de ello. "Si hay penas por el 9-N, acaba de decir, será el fin del Estado español". Si no las hay, quedará abierta la veda para el desacato de cualquier ley en cualquier lugar de España, quedará legitimado el desprecio a la mitad de la población catalana y la corrupción será bendecida.

La última muestra de ese vaciamiento de la democracia es la política de asilo y refugio de toda la Unión Europea con las excepciones de Alemania, Grecia y algún otro país. Las fronteras y las vallas, los muros que separan y la falta de atención a los países de África, como el silencio ante las guerras de Siria, Libia y otros países son una muestra de la degradación de los países europeos. Si, además, está Trump en el horizonte, la democracia atraviesa, posiblemente, su peor momento.

Por eso, si los políticos españoles quieren salvar la democracia y acabar con el estado del malestar, tendrán que hacer algo más de lo que están haciendo: salir de la zona de confort donde se protegen unos a otros y actuar en serio contra los corruptos, sean del partido que sean, asumiendo, como ha propuesto Ciudadanos,, que los partidos respondan por la corrupción de los suyos; contra los que se saltan la ley, aplicándola sin miedo; contra los que limitan la independencia de la Justicia, aprobando leyes que lo persigan duramente; contra los que se han hecho abanderados de la demagogia, protegiendo la calidad de la democracia. Hay que sacar la política de las cloacas o éstas lo inundarán todo.

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